“Para mí, es un mensaje simple: la luz es el mensaje”, dijo el rabino Jeffrey Myers, señalando a la janukía ubicada al lado del monumento improvisado en memoria de las 11 víctimas.

Cinco semanas después de la masacre, el ataque más letal contra los judíos en Estados Unidos, alrededor de 500 personas se reunieron fuera de la Sinagoga Árbol de la Vida para rezar, cantar y encender las velas de Janucá.

“Estamos practicando nuestra fe judía en público y con orgullo”, dijo Stephen Cohen, copresidente de New Light, cuya congregación, junto con miembros de Dor Hadash y Árbol de la Vida, se habían reunido en la sinagoga cuando ocurrió el atentado el 27 de octubre.

“No creo que haya suficientes adjetivos para describir el apoyo de la comunidad”, dijo Myers, quien dirigió el rezo de Shabat en la sinagoga Árbol de la Vida el 27 de octubre, cuando ocurrió el atentado.

“Somos una comunidad tan unida”, dijo Ilana Kohanbash, quien asistió a la ceremonia con su esposo, Jason. “También es un llamado de alerta sobre lo que debemos hacer para mantener nuestra fe y tomar precauciones. Podría pasarle a cualquiera.

David Hausdorff, de 53 años, de Fort Lauderdale, Florida, visitó la ciudad por negocios y asistió a la ceremonia de Janucá para mostrar su apoyo.

“Es incomprensible, este acto de violencia”, dijo Hausdorff. “Es inconcebible en cualquier lugar de culto, y mucho menos en el vecindario donde crecí. Si no estuviese aquí para verlo, no entendería la magnitud de la devastación emocional”.

“Estamos saliendo adelante”, dijo Ellen Surloff, presidenta de Dor Hadash. “Poco a poco, día con día. Hay días buenos y otros no tan buenos”.

“En realidad, el atentado afecta a otras comunidades religiosas también”, dijo. “Nos unimos en solidaridad y nos ayudamos mutuamente. Lo que sucedió aquí es un signo, es una señal y no se puede ignorar”.

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