Los turistas miraban soprendidos mientras se montaba la Menorah con las ocho luminarias que iban a a ser encendidas día por día en el centro de la ciudad por el rabino Goldberg de Beit Jabad de Playa del Carmen. Esta es una ciudad costera en México, a lo largo de la franja litoral del Caribe de la Riviera Maya de la Península de Yucatán. Muy elegida por parejas de luna de miel.


Los Judíos residentes en Yucatán fundaron el Círculo Judío de Mérida hace ocho años con el propósito de crear un espacio para fomentar y preservar sus tradiciones, pero también impulsados por el ejemplo de los judíos de Quintana Roo, donde hay numerosos seguidores de esa religión.

Hay tantos, que a Playa del Carmen la conocemos ahora como la pequeña Tel Aviv del Caribe”, dice Humberto Solís Martínez, miembro del Círculo de Mérida.

En la mesa de Beit Jabad se regalaba Sufganiyot, que es una dona de gelatina redonda que se come en Israel y en todo el mundo en la festividad de Januca. La rosquilla se fríe, se rellena con mermelada o crema, y ​​luego se cubre con azúcar en polvo. 

“En ese lugar ya se venden los tubitos del Mezuzá, que se colocan en las puertas de los hogares judíos y que se ofrecen en muchas tienditas y hotelitos”, añade. “El hecho de que tengamos tantos vecinos y una buena relación con ellos nos orilló a organizar nuestra propia comunidad en Yucatán”.

En Playa del Carmen, explican, hay por lo menos 600 miembros de la comunidad al igual que en Cancún, Akumal y Tulum; en Cozumel, 200, y en Isla Mujeres, 80 más.

 

 

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