ISIS y Al Qaeda ocuparon todos los titulares por su omnipotente amenaza global jihadista en los últimos años, pero la comunidad internacional parece perder la memoria cuando se trata de uno de los grupos terroristas más letales de la historia: Hezbollah, responsable por asesinatos a gran escala de civiles, soldados y diplomáticos durante su reino de terror de 36 años.

Bajo el patrocinio iraní, Hezbollah trazó su camino con el objetivo explicito de borrar del mapa al Estado de Israel y combatir el “Imperialismo Americano”: Hoy, Hezbollah sigue significando un peligro latente para la sociedad occidental en general, así como para Israel y las comunidades judías.

Los Estados Unidos, la Liga Árabe y el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo son algunos de los que formalmente reconocen a Hezbollah como organización terrorista. Otros, como la Unión Europea y el Reino Unido, han calificado de esta manera solo a su brazo armado, dando vía libre al ala política que planifica las acciones. En América Latina, en donde esta organización mantiene operaciones, no se la ha calificado de organización terrorista en absoluto. Y en el Líbano este grupo ha emergido como un actor político, con representación parlamentaria y ministerial.

El historial de Hezbollah es terrorífico. Los ataques en Buenos Aires a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994 asesinaron a 114 personas. El atentado del 2012 en el aeropuerto de Burgas, Bulgaria, se llevó la vida de cinco israelíes y el conductor del vehículo en el que viajaban; 21 personas fueron asesinadas en el secuestro del avión de Alas Chiricanas en Panamá. Más atrás, en 1983, Hezbollah asesinó a 241 marines estadounidenses, 58 soldados franceses y seis civiles en un ataque en Beirut. Ese mismo año, 63 personas fueron asesinados en el atentado a la embajada israelí en Beirut. Estos son solo algunos ejemplos.

Desde el fin de la guerra de Líbano de 2006, Hezbollah ha acumulado un inmenso arsenal de cohetes y misiles, más que la mayoría de los ejércitos regulares. Este armamento es almacenado en casas de civiles inocentes que son obligados a colaborar con el terror.

Quizás el reciente descubrimiento de túneles clandestinos, cavados en forma similar entre las casas de los civiles del Líbano, que violan la soberanía israelí y la normativa internacional (incluida la Resolución 1701 de la ONU), puede servir para que la comunidad internacional despierte y se de cuenta que la maquinaria de muerte de Hezbollah está viva y es más peligrosa que nunca.
La evidencia habla por si misma. Estos túneles fueron cavados por terroristas con intención de matar civiles inocentes israelíes y tomar las comunidades cercanas a la frontera. La misma ubicación de estos túneles de terror, cerca de zonas residenciales, prueba una vez más que los líderes de Hezbollah no tienen ningún pudor en usar a su propia población como escudo humano para esconder su objetivo: asesinar israelíes y judíos alrededor del mundo.

Hezbollah se financia a través de una red transnacional de crimen, tráfico de drogas, joyas, cigarros y lavado de dinero. Cientos de células de Hezbollah fuera de Líbano fueron descubiertas a lo largo de los años en Estados Unidos, Europa, Asia, África y Latinoamérica.

Pero el principal financiamiento de Hezbollah proviene de Irán. El objetivo mayor de este grupo terrorista es trabajar por las ambiciones de hegemonía de la República Islámica de Irán en Medio Oriente, llevando adelante el trabajo sucio y siendo su frente de acción en el escenario mediterráneo. Sus mercenarios continúan entrenando milicias y combatiendo por los intereses iraníes en Siria, Irak y Yemen. Irán y Hezbollah extendieron estas guerras, causando millones de muertes en Medio Oriente y el desplazamiento de decenas de millones.

Aún a sabiendas de todo esto, la mayoría de la comunidad internacional se hace la desentendida en cuanto a la magnitud y extensión geográfica de los crímenes de Hezbollah. Imaginémonos por un segundo si Estados Unidos o Europa afirmaran que solo las operaciones militares de ISIS y no sus actividades políticas deberían ser consideradas terrorismo. El mundo protestaría con fuerza. Así y todo, Hezbollah sigue sin llamar la atención de muchos.

El Consejo de Seguridad de la ONU afirmó que las operaciones con túneles de Hezbollah violan la ley internacional y la soberanía israelí. Esperamos que esto lleve a que la comunidad internacional actúe para erradicar estas operaciones de terrorismo.
Como dijo el El subsecretario de Estado de los Estados Unidos, John J. Sullivan: “Para combatir al terrorismo efectivamente, tenemos que tener en cuenta la colaboración de distintos actores”. Y efectivamente, el primer paso para combatir el terrorismo es reconocer a sus ejecutores como terroristas.

La amenaza real y latente que representa Hezbollah debe ser expuesta de una vez por todas. La Unión Europea, Estado Unidos, la Organización de los Estados Americanos y otros organismos internacionales influyentes deben dejar de tratar a Hezbollah como un grupo con desordenes de personalidad y reconocer lo que es: Una organización terrorista y una de las mayores amenazas a la paz, seguridad y estabilidad en el mundo.

Robert Singer es el CEO y Vicepresidente Ejecutivo del Congreso Judío Mundial, en representación de más de 100 comunidades en el mundo, bajo la presidencia de Ronald S. Lauder. 

 

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