La tregua de tres días que habían anunciado John Kerry y Ban Ki Moon en la noche del jueves no duró el viernes por la mañana ni dos horas. Y tras su muy violento colapso, la situación era más grave que antes de anunciarse. No se habían cumplido noventa minutos cuando había ya dos israelíes muertos en el sur de Gaza por un suicida salido de un túnel y la respuesta israelí que se habría de llevar cuarenta vidas palestinas.

Además se hizo público el secuestro de un suboficial israelí que añade potencial explosivo a la situación. Una vez más quedó en evidencia que hay iniciativas muy bien intencionadas que, además de ineficaces o inútiles sobre el terreno, a la postre son dañinas para mediadores desautorizados, en este caso el departamento de Estado norteamericano y la secretaría general de las Naciones Unidas, y para la población en general, cuya frustración se dispara.

La cifra de muertos aumentaba ayer rápidamente y los violentos combates que se reportaban desde el sur alrededor de Rafa auguraban más. Unos 3.000 miembros de las mejores unidades de combate de Hamás estarían hostigando permanentemente a las fuerzas israelíes dedicadas a la búsqueda de los túneles y depósitos de armas. Las bajas militares israelíes, que ya superan los sesenta muertos, son consideradas por Hamás un éxito. Como también lo es la guerra propagandística con la que se quiere movilizar a toda costa a unos países árabes que no solo dejaron de ayudar a Hamás, sino que se han mostrado muy fríos en las pasadas semanas.

Hay más movilización a favor de Hamás en las capitales occidentales que en el mundo árabe y más allá en el musulmán. Ayer se produjo en Ammán una de las escasas manifestaciones contra la operación militar. Y también en la propia Cisjordania, donde, tras las oraciones del viernes, miles de jóvenes salieron a la calle a denunciar a Israel y a Egipto, no se percibe intención de sumarse a un levantamiento.

Las diferencias entre Cisjordania y Gaza son cada vez mayores, y los amplios sectores que han logrado relativa estabilidad y prosperidad bajo la Autoridad Nacional Palestina no parecen dispuestos a arriesgarlos por apoyar a la organización terrorista Hamás, que mató en su día a centenares y ha perseguido siempre a los miembros de Al Fatah en Gaza. Quienes ayer en Ramalah pedían una nueva Intifada no parecen por ello tener de momento muchas posibilidades de imponerse.

Con el fin de la tregua se produjo una rápida escalada de la tensión también porque se multiplican los rumores sobre un salto cualitativo en la operación israelí. Paul Hirschon, portavoz del Gobierno de Israel, negó que haya preparativos para una reocupación de Gaza. Una reocupación que sería el último recurso para un Gobierno y un Ejército que son conscientes de que sería una larguísima operación de años, con inmenso coste en vidas y también dinero.

Israel abandonó voluntariamente Gaza hace nueve años desmantelando asentamientos y hasta el último vestigio de su presencia como los cementerios. Que muchos hoy den la razón a quienes entonces se oponían a aquella retirada auspiciada por Ariel Sharón se debe a la transformación de Gaza en una inmensa base militar de Hamás. Pero ocuparlo permanentemente sería una pesadilla. Lo que sí parece claro es que con el aumento de los costes de esta guerra crece la presión para que esta operación no acabe sin haber quebrado a Hamás en sus infraestructuras y armamento para muchos años.

(Fuente: Abc.es)

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