Hasta la fecha, el control islamista ha implicado de forma tácita violencia y dictadura; ¿puede evolucionar en algo decente?
Izquierda: Una mujer iraní con chador de la época en que nació la República Islámica en 1979. Derecha: Revistas de moda para mujeres con velo como Âlâ, Aquila Style o modestyle, plasman los cambios vividos en el seno del islamismo y los intentos de hacerlo menos doctrinario austeramente.

Hablando en plata: si la brutalidad de Rujolaj Jomeini u Osama bin Laden les sitúa como actores del ayer y la autocracia de Recep Tayyip Erdoğán o Mohamed Mursi les convierte en actores de hoy, ¿pueden volverse democráticos y humanos – musulmanes que aspiran a la implantación global y homogénea de la ley islámica a la disposición de un califa – los islamistas del mañana?

El islamismo ha evolucionado significativamente durante los últimos 13 años. Apenas en 2001, sus fieles eran sinónimo de delincuentes, terroristas y revolucionarios. En esta tónica, tres jornadas después del 11 de Septiembre escribí que muchos islamistas “cobran apariencia pacífica, pero todos han de ser considerados asesinos en potencia”.

Estas palabras se antojan arcaicas hoy, en un momento en el que los islamistas encuentran en las urnas un medio más eficaz de alcanzar el poder que las armas. El terrorismo y la coacción siguen siendo generalizadas en su uso, por supuesto, practicados por grupos como el Estado Islámico de Irak y Siria o el Boko Haram. Pero aun así, hay ya en marcha unas reformas del islam.

La cuestión candente hoy se refiere a la forma de administración pública: ¿Pueden pasar los islamistas no sólo del terrorismo a la política representativa sino progresar también de la dictadura a la democracia? ¿Pueden combatir su supremacismo, su belicosidad, su inmoralidad, su misoginia o su antisemitismo en apariencia inherentes? Los ejemplos que insinúan cambios incluyen:

En Turquía, unas cuantas figuras islamistas clave – en particular Fetulaj Gülen, secretario de la organización islamista más influyente del país, o el Presidente Abdalaj Gül – parecen estar alejándose paulatinamente de la dictadura agresiva. Por ejemplo, Gülen criticó el papel del ejecutivo turco en el episodio del Mavi Marmara contra Israel en 2010. La disposición de Gül a resolver ‘de manera favorable las manifestaciones del Parque Gezi contrastó con la feroz respuesta del Primer Ministro Erdoğán.

La esposa de Gül, Hayrünnisa (que lleva velo), visitó Londres en 2010 y consultada a tenor de que las escolares de básica vistan el hiyab, respondió que “Una menor no sabe decidir de forma independiente si llevar la prenda a una edad tan temprana. Debe decidir con libertad cuando tenga la edad suficiente”. ¿Podrá el Partido AK turco, con Gül al frente, convertirse realmente en el movimiento conservador social de abstemios, mujeres que visten con modestia, nostálgicos otomanos y capitalistas que hoy solamente aparenta ser? ¿O se volvería paulatinamente igual de agresivo que Erdoğán?

En Irán, la promesa de Hassán Roujani de un islamismo menos riguroso tocó la fibra sensible de un electorado deseoso de normalidad. Sintomático de esto es que los hiyabs iraníes se hayan alejado de las prendas para cubrirse extremas y sosas de antaño. Con la diseñadora Farnaz Abdoli y su marca Poosh al frente, las iraníes disfrutan hoy de elecciones en materia de moda inconcebibles hace una generación.

En Jordania, la Iniciativa Zamzam ha roto con la Hermandad Musulmana, despachándose contra “su monopolio del discurso islámico” e instando a que el islam sea “un marco cultural que envuelva al país poniendo el acento en el pluralismo racial, político y sectario”.

En Egipto, muchos jóvenes activistas rechazan la invasión de competencias por parte de Mursi. El portavoz Hamza Zoba’a acusaba a la Hermandad Musulmana de haber “cometido errores” y de “prestarse a la trampa de gobernar en solitario”. Alí Jafagy, un líder de Giza, sostenía que “Llegará el momento de exigir cuentas a nuestros líderes y pedir cambios. Y tendrá que haber cambios. Nos hace falta gente más abierta, más dispuesta a trabajar con todo hijo de vecino”. Un analista, Tarik Osmán, predice el éxito de los hermanos a través del control estricto de los instintos dictatoriales y la evolución “más allá del reconocimiento”.

En Túnez, mientras la formación Ennajda en el poder encara crisis, el Vicepresidente Abdelfataj Mourou ha manifestado un aperturismo al compromiso con los no islamistas muy inusual mientras la propia formación trabaja con su rival de izquierdas, el Nidaa Tounes.

Llevo décadas afirmando que al igual que el fascismo y el comunismo, el islamismo es dictatorial por naturaleza, compartiendo los tres una mentalidad utópica radical, la glorificación del Estado y aspiraciones de hegemonía global. Comparé con desprecio a los islamistas moderados con Nazis moderados, destacando que si bien Erdoğán y Osama bin Laden se valen de tácticas distintas, ambos aspiran a implantar el mismo ordenamiento jurídico medieval.

El comunismo insinúa dos vías posibles de evolución. Durante la Primavera de Praga de 1968, Alexander Dubček aspiró a construir “el socialismo de rostro humano”, que consistía en un régimen comunista de ordenamiento legislativo pluripartidista, bienes de consumo abundantes y libertad de expresión y movimiento. El Partido Comunista de China ha presidido un ciclo de crecimiento capitalista radicalmente antimarxista.

La naturaleza profundamente antimoderna y autoritaria del islamismo me hace dudar enormemente de que algo civilizado y digno pueda salir de esta ideología; lo más probable es que los sucesos positivos recientemente acaecidos obedezcan simplemente a motivaciones tácticas y temporales. Pero he dejado de poder rechazar de plano con seguridad la posibilidad de que el islamismo evolucione y mejore en alguna medida. (Fuente: Es.danielpipes.org / PorIsrael.org)

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