Turquía va este domingo a una votación crucial que prevé sustituir el actual sistema parlamentario, establecido en 1924 por el fundador de la República, Mustafa Kemal Ataturk, por uno presidencial. La oposición denuncia que es una maniobra del presidente Recep Tayyip Erdogan para perpetuarse en el poder. Las encuestas no definen un ganador claro.

Erdogan gobernó una década como primer ministro, pero constitucionalmente debió dejar el cargo, y se presentó como candidato presidencial, cargo que logró en 2014. Aunque ese sillón es simbólico en la estructura turca, el mandatario convirtió en una figura menor al premier que lo sustituyó. Con el cambio que pretende ahora, el poder no cambiará de manos por un larguísimo período.

En caso de aprobarse, la reforma se comenzaría a aplicar en 2019 y abriría la puerta para que Erdogan, hoy de 63 años, pudiera ser presidente con amplios poderes hasta el año 2029 o, incluso, hasta el 2034. La Comisión de Venecia, órgano consultivo del Consejo de Europa, advirtió que la reforma no prevé una clara separación de poderes e introduce un régimen autoritario “de un solo hombre”. Y de eso se trata, efectivamente.

Erdogan ha venido imponiendo un estilo cada vez más autoritario en Turquía y ha derrumbado su tradicional laicismo. Al profundizar la islamización captó el voto de las masas más populares para imponer un límite a la mitad del país más europeísta. En ese camino la emprendió contra la prensa insumisa que denunció una serie de escándalos de corrupción que lo comprometían y a parte de su gabinete en sus épocas de premier. Los mayores diarios y medios electrónicos opositores fueron sencillamente cerrados coronando un modelosemejante al que encabeza el ruso Vladimir Putin.

Los principales cambios constitucionales previstos incluyen la abolición del cargo de primer ministro y cuyos poderes se transfieren al presidente. El mandatario será, en adelante, quien designe a los ministros sin necesidad de consulta o aprobación del Parlamento. El poder presidencial le permitirá gobernar al margen del Legislativo mediante decretos vinculantes. Si el líder bloquea alguna ley votada por el Parlamento, para levantar ese veto se requerirá una compleja mayoría simple de toda la Cámara y no de los diputados presentes como hasta ahora.

La propuesta dispone que el Parlamento y el presidente sean elegidos conjuntamente el mismo día, con lo que aumentan la las posibilidades del partido de Erdogan.

La gestión del jefe de Estado está limitada a dos mandatos de cinco años. Sin embargo, si el Parlamento convoca a elecciones anticipados durante el segundo mandato, este puede volver a presentarse. Si gana comienza un nuevo período de 5 años. Esta disposición implica que si el oficialismo gana en noviembre de 2019 y logra a fines del segundo mandato la mayoría necesaria para llamar a nuevas elecciones, Erdogan podría permanecer en el poder efectivamente hasta 2034.

Fuente: agencias

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