Karam Mashour (25) le gusta hacer historia. Tras convertirse en el primer árabe en la selección israelí de baloncesto, ahora ha logrado algo muchísimo más difícil: ser el primer miembro de la minoría árabe en Israel que ficha por el club deportivo más exitoso y prestigioso de Israel: Maccabi Tel Aviv. Un equipo que suele basarse en jugadores extranjeros dando muy pocas oportunidades en los últimos años a jugadores autóctonos independientemente de su origen o credo.

La llegada al Maccabi y por ende a la élite del baloncesto europeo es el merecido premio por las últimas dos temporadas en el equipo del Bnei Herzliya. Nacido en agosto del 91 en la localidad de Nazaret, al norte del país y de religión cristiana, Mashour es una excepción de casi dos metros de altura en un sector (21% de la población) volcado con el fútbol. La prueba es el alto número de jugadores árabes israelíes en la liga. Varios de ellos juegan en el combinado nacional que está encuadrado en el mismo grupo de España en la fase de clasificación para el Mundial de Rusia 2018.

La pasión del energético ala-pívot por el deporte de la canasta empezó tarde. El momento tuvo lugar a los 14 años cuando se quedó fascinado ante varios videos de la NBA que le enseñó su hermano. Durante tres años jugó en el equipo del Nazaret en una liga del distrito del norte. Por casualidad llegó al club de Emek, también en el norte de Israel, donde poco a poco destacó. En 2010, Mashour se trasladó a Las Vegas y probó fortuna en el baloncesto universitario estadounidense. Tras no recibir los minutos que esperaba en UNLV, llegó a Nevada. Al regresar a Israel, pocos equipos le ofrecieron un puesto.

Sólo el Bnei Herzliya, en las afueras de Tel Aviv, tuvo el acertado ojo de fijarse en sus cualidades especialmente físicas. Con un gran dominio del juego interior, fue el máximo reboteador el año pasado siendo además coronado como “el mejor jugador israelí de la Liga” y elegido en el quinteto de la máxima competición local Israel. Una de sus grandes asignaturas pendiente es mejorar los porcentajes en el tiro libre. “Es perfecto para la Liga israelí porque es muy duro, un gran atleta y con hambre de rebotes. En la Euroliga, quizá le cueste más debido a su altura”, comenta a este diario el jefe de Deportes del Canal 10, Tal Shorrer.

“Yo no me considero un pionero sino un jugador más de baloncesto. Quizá consiga abrir algunas puertas en el sector (árabe). Ojalá otros tengan interés en el baloncesto”, dijo hace un año al diario “The New York Times”. Su espectacular fichaje por los amarillos de Tel Aviv quizá cambie los gustos deportivos de los árabes israelíes (también llamados palestinos-israelíes) que en su mayoría abrumadora prefiere el fútbol. Sólo el 10% de los 35.000 jugadores registrados en la federación de baloncesto son árabes.

 

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