El Profesor Roni Strier, fundador y director del Centro Interdisciplinario para el Estudio de la Pobreza y Exclusión Social de la Universidad de Haifa, es un argentino nacido en Lanús que hizo Aliá a los 18 años. Hoy es una de las personas más calificadas y estudiosas acerca del fenómeno global y además elaboró un proyecto llamado “Políticas Sociales Inclusivas” que se encuentra en 90 municipios en Israel en conjunto con el Ministerio de Bienestar y Servicios Sociales y los Municipios.

En su estadía en Argentina realizó conferencias en distintas universidades de Capital Federal y Gran Buenos Aires para charlar y debatir con los profesionales nacionales con respecto a las prácticas sociales inclusivas. Además hizo una conferencia para funcionarios del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

– ¿Cómo se desarrolla el proyecto de políticas sociales inclusivas en Israel?

– Este un trabajo en conjunto con los servicios públicos sociales de Israel. Desde los ’90 que estamos trabajando en el desarrollo de servicios sociales que están orientados al empoderamiento de las comunidades empobrecidas de Israel. Debemos aclarar que Israel es uno de los 30 países más desarrollados del mundo que integra la OCDE, pero tiene un nivel de pobreza muy alto. A pesar del crecimiento y la estabilidad de la economía israelí tenemos un gran desafío que es incluir a estas comunidades dentro del “mainstreet israelí”. Este trabajo se desarrolló con el Ministerio de Desarrollo de Israel y las Municipalidades; hoy en día hay 90 centros de empoderamiento en Israel que se trabajan estás prácticas inclusivas que te mencioné.

La exclusión social tiene cuatro manifiestos principales: aislamiento social, dependencia, base estructural y procesos identitarios. Estamos hablando de cuatro momentos en el que están muy involucrados los trabajadores sociales y los maestros en los problemas de la comunidad. El segundo punto es generar relaciones que estén basadas en las relaciones igualitarias donde los profesionales se ayudan y aprenden juntos acerca de la defensa de los derechos sociales. Los trabajadores en Israel están capacitados en lo que se denomina política social: tener una participación en las políticas de Israel para generar prácticas inclusivas. Lo último es generar en la sociedad una conciencia que no solo se preocupe por uno mismo sino también involucrarse con el otro.

– ¿Cuál es el porcentaje de pobreza en Israel?

– Es un 20%, pero no está distribuido de forma igualitaria. Dentro de las comunidades ortodoxas y los ciudadanos árabes palestinos el índice de pobreza es más alto. Lo que es realmente alarmante, es que a pesar del desarrollo que tiene Israel y la baja tasa de desempleo (4%) todavía no se ha podido reducir el nivel de pobreza.

– ¿A qué se debe?

– Por ciertos mitos que se desarrollan en las sociedades: uno de ellos es pensar de que porque hay desarrollo se va a desparramar de forma igualitaria, pero esto no sucede. Esto llama a una intervención más grande por parte del Estado para contener, regular o mantener las desigualdades que sean moralmente tolerantes. Se requiere una participación más activa de los gobiernos con respecto a la política social. Los últimos gobiernos que ha tenido el Estado Hebreo son neoliberales y hablan justamente de lo opuesto: refieren a liberar el mercado y darle la fuerza a la sociedad con respecto a la opción de demanda y oferta. Nosotros sabemos que no es verdad, ya que en el 2011 en Israel la gran participación de la clase media en protestas sociales cambió y hoy en día hay más inversiones en servicios sociales, educación, etc. No me extrañaría que esa protesta social vuelva a resurgir.

– ¿Cómo evalúa la región de Latinoamérica con respecto a la pobreza?

– Hay grandes logros en cuanto a la erradicación de la pobreza extrema y tiene que ver con los objetivos del milenio en combatir la pobreza extrema. Uno de los grandes logros de Brasil, como así también en India y China, fue movilizar la clase pobre a la clase media a través de políticas sociales.

– ¿Y en la Argentina? ¿Cree que se puede aplicar el proyecto de prácticas sociales inclusivas?

– Acá hay gente que sabe. Nosotros como investigadores de la pobreza, ya sabemos cómo se saca a las personas de la pobreza, lo que se necesitan son buenos servicios sociales, una red social de seguridad y un mercado de trabajo activo que promueva lugares de trabajo con movilidad social. Nosotros sabemos qué se necesita trabajar con las comunidades. Lo que falta no solo aquí, sino en otros lugares del mundo, es la convicción política para hacer que la eliminación de la pobreza se concrete. Faltan líderes políticos que quieran llevar adelante esas políticas.

– ¿El subsidio es contraproducente para combatir la pobreza?

– Depende. Nosotros sabemos que cuando hay subsidios para cubrir las necesidades básicas es positivo en lo que respecta a las políticas para erradicar la pobreza. El problema es cómo se lo da a la población: si se lo da como “soborno” para que la gente esté tranquila o es parte de un paquete de activación de las políticas sociales como medida de inclusión social. Yo hice una investigación en el 2003, después de que Biniamín Netanyahu hizo un gran ajuste de asignaciones y la idea era que a partir de ese ajuste la gente iba a participar más en el mercado de trabajo, pero cuando yo fui a hablar con funcionarios de la municipalidad de Jerusalem no había pasado nada, al contrario, mucho de lo que ellos invertían en la educación de sus hijos no pudieron seguir invirtiéndolo, dejaron de comprar medicamentos, un montón de cosas que tiene que ver con lo básico. Hay que mantener cierta red social que sea vasta, pero eso tiene que estar acompañado por otras medidas.

– Por último, la multiculturalidad de la Universidad de Haifa, ¿es un modelo a exportar?

– Es una de las cosas por las cuales me enorgullezco de la Universidad. En mi Departamento de Ciencias Sociales hay casi un 50% de alumnos árabes, yo creo que eso enriquece. La Universidad de Haifa es un laboratorio de multiculturalidad de trabajo conjunto, Yo dirijo el “Programa Emblema” de la Universidad por la lucha contra la exclusión social y por la solidaridad; tenemos grupos de árabes y judíos que trabajan en temas comunes. No hay, entre ellos, diferencias. Hace un tiempo hice una investigación sobre el rol de los servicios sociales en ciudades divididas, mixtas o conflictivas como Haifa o Jerusalem, al igual que en otras partes del mundo. La conclusión que saque de esta investigación es que el trabajo común en las comunidades se basa en la solidaridad.  Los servicios públicos y el Estado tienen un rol fundamental en no dejar que el conflicto lo maneje la calle, sino que sea manejado desde arriba en pos de la construcción de capital social.

 

 

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