Entre 1941 y 1945, el judío polaco, Simon Wiesenthal, fue recluido en cinco campos de concentración nazi. Durante su encierro, memorizó los nombres de los guardias alemanes.

Dos años después, conformó junto a otros 30 voluntarios el Centro de Documentación Judía, con quienes se dedicó a buscar y llevar ante la justicia a esos criminales. En total, se estima que 1.100 nazis fueron capturados por ellos.

Los sucesos ocurridos hace una semana en Charlottesville, donde el ataque de un supremacista blanco dejó un muerto y 19 heridos, evidencian que el odio sigue vivo.

“Cuando el señor Wiesenthal se estaba haciendo grande quería que una institución continúe con su carrera. Pero ya no solo nos dedicamos a buscar nazis”, explica el representante del Centro Simon Wiesenthal en Latinoamérica, Ariel Gelblung, quien prefiere no referirse a los hechos registrados en EE.UU. “No puedo ahondar en el tema, la institución emitió un pronunciamiento oficial”.

—¿A qué se dedica el centro ahora?
A combatir la discriminación, xenofobia, racismo… La incitación al odio en todas las formas modernas que tenga. Como te decía, ya no solo buscamos nazis. El propio Wiesenthal tenía una frase magnífica sobre eso…

—¿Cuál era?
De los nazis se ocupará la naturaleza.

—¿Y así fue? 
Hoy [los nazis] tienen más de 94 o 95 años y los pocos que aún están en condiciones físicas y psíquicas para enfrentar un juicio no resisten y se mueren antes.

—¿Por qué abrieron una sede en Latinoamérica?
Hasta principios de los 90 el Centro veía a América Latina desde Europa, desde la oficina de París específicamente. Pero los atentados terroristas de 1992 y 1994 en Buenos Aires hicieron que pongan sus ojos acá. Crearon esta oficina para tener una respuesta rápida en la región y en más de 24 años hemos demostrado con creces que esta oficina es necesaria.

— ¿De qué forma? 
No solo con la aparición de los últimos nazis que fueron extraditados desde Latinoamérica sino con las constantes apariciones de influencia terrorista, cuestiones de discriminación, xenofobia y racismo . Cuando abrimos la oficina en la región presentamos un corto publicitario que decía: “El monstruo está mutando, no lo dejemos crecer”. El viejo nazismo ha mutado a otras formas de odio.

— Ha evolucionado su trabajo…
Si el odio muta nosotros también.

Según el último reporte anual del centro, los tres nazis más buscados actualmente son Helma Kissner, Reinhold Hanning y Helmut Oberlander, quienes mataron o facilitaron la muerte de 453 mil judíos.

—¿Cuán cierto es que muchos nazis fueron a Argentina tras la guerra? 
Es claramente cierto. Era mucho más fácil llegar a Argentina siendo nazi que siendo un refugiado. De hecho, existían en algunos de nuestros países reglas secretas que hacían que los cónsules de nuestra zona en Europa rechacen visas para quienes se presentaban como judíos. Sin embargo, muchos otros fueron muy bien recibidos por distintos gobiernos de la región, la mayoría con otros nombres e identidades.

— En los últimos años se han hallado muchos tesoros nazis

Hay una fascinación perversa por los objetos nazis. Lo que debatimos es si constituye un delito o no tenerlos. En Argentina está prohibido organizar algún tipo de propagación de ideas supremacistas. El tema es si la tenencia y comercialización de estos objetos implican delito. Recuerdo que el año pasado en Alemania un argentino pagó una fortuna por una chaqueta de Hitler. Aún no sabemos quién es, dónde la tiene o para qué la quería.

— ¿Y podría ser sancionado?
Yo distingo tres supuestos: primero, que lo quiera tener para llevarlo a un museo y decir que perteneció al peor criminal de la historia. Eso no es punible. Segundo, si lo tiene dentro de una habitación sin que trascienda de su ámbito privado, tampoco es punible. La única razón para sancionarlo, sería si lo tuviera para hacer algún tipo de apología del nazismo.

—¿Sabe cuántos nazis entraron a Latinoamérica?
No hacemos un recuento sobre qué hubo. Teníamos tres requisitos para prestarle atención a alguien.

—¿Cuáles eran?
Que esté vivo, que esté en condiciones de enfrentar la justicia y que alguno de los países donde cometió un delito esté dispuesto a juzgarlo.

—¿Qué pasaba cuando capturaban a un nazi?
Lo extraditábamos. En los 90 detuvimos a Erich Priebke y Dinko Sakic. El primero era alemán, el segundo croata. Había tribunales que los buscaban, así que hicimos que los países pidieran la extradición, les acercamos la información que teníamos a las autoridades locales y fueron extraditados. Priebke fue a Italia y Sakic al estado croata que recién se fundaba.

—¿Participó de algún caso?
En la primera no, en la de Sakic estuve más cerca.

—Cuéntenos…
Fue el director de un campo de concentración en Croacia llamado Jasenovac. Este hombre vivía muy plácidamente en una comunidad costera de Buenos Aires. Recuerdo claramente que era la época previa al Mundial de Francia 98. Trabajamos con un medio de comunicación que mandó a un camarógrafo con la excusa de que Argentina estaría en el mismo grupo que Croacia. Preguntaron en la comunidad si alguien había vivido en Croacia, hicieron una cámara oculta donde le empezaron a sacar el tema de la guerra y le preguntaron si él había sido el comandante en el campo de concentración. Cuando se empezó a poner nervioso la policía ya estaba afuera de su casa con la orden de detención. Fue un reto para Croacia juzgarlo pero demostraron estar dispuestos a borrar su historia pro nazi. Fue condenado y murió allá.

—¿Es necesario tener justicia para alcanzar la reconciliación?
Nuestra civilización está basada en el viejo modelo romano, donde hablaban de que la justicia es dar a cada uno lo suyo. Las reconciliaciones no son forzadas. La justicia es necesaria para que la gente tome ejemplo de qué cosas deben hacerse y cuáles deben ser castigadas. Solo ahí es posible una eventual reconciliación.

ARIEL GELBLUNG
Representante para América Latina del Centro Simon Wiesenthal
Fuente: El Comercio

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