Israel es una nación ideal para emprender. Especialmente en el ámbito tecnológico. Solo hace falta una buena idea para que la Administración Pública se vuelque y apoye el proyecto. Debido a ello, este pequeño país tiene una de las concentraciones más altas de startups en el mundo. Y no se trata de empresas con uno o dos empleados que recién acaban de empezar, sino de firmas de gran éxito que atraen la atención de las multinacionales más importantes del mundo.

Así lo atestiguan los movimientos de inversión acaecidos en los últimos 12 meses. Por ejemplo, Sony adquirió Altair por 212 millones por sus innovaciones en el campo de los chips. Cisco Systems invirtió 320 millones en Leaba, otra desarrolladora de procesadores. Y, recientemente, Intel compró Mobileye, una firma enfocada en el diseño de sistemas de asistencia al conductor, imprescindibles para el vehículo autónomo. ¿Precio? 15.000 millones de dólares.

País de cultura emprendedora

¿Cómo es posible que un país diminuto de poco más 20.000 kilómetros y ocho millones de habitantes atesore tal cantidad de firmas innovadoras? Desde luego la clave del éxito de Israel es su cultura emprendedora que está incrustada en el tejido social y que, poco a poco, impregna las facetas de cualquier negocio que desarrollan los emprendedores del país, sea cual sea el plan comercial y de empresa en el que se base la pyme. Por encima de todo ello siempre estará la innovación. Además de esta característica, y de la seguridad industrial de la que gozan los nuevos negocios, Israel presenta otra serie características que conforman su receta del éxito y de la que se pueden extraer valiosas lecciones.

La necesidad como virtud

El país nació en tiempos inestables y continúa en ellos. Ninguno de todos los territorios que les rodean quiere que exista. Esta circunstancia genera tensiones continuas en las fronteras, lo que lastra las relaciones comerciales con los países vecinos, y reduce la capacidad de Israel de acceder a los recursos naturales de la zona. Por todo ello, la nación hebrea ha necesitado ser autosuficiente para poder existir. Se ha visto obligada desde el principio a considerar que su mayor fortaleza es su propio pueblo, adoptando un enfoque económico como si de una isla se tratara para edificar una presencia a nivel mundial. De ahí que las autoridades construyeran una cultura centrada en el desarrollo y la educación del pueblo para nutrir y proteger a los habitantes, lo que ha generado el inmenso océano de startups que el país genera.

 

La misma necesidad fue el germen de la innovación

Como ya se ha comentado en el punto anterior, Israel nunca ha tenido la posibilidad de solicitar a sus vecinos cualquier tipo de ayuda. De ellos siempre ha podido esperar justo lo contrario. Esta circunstancia, unida a la falta de recursos naturales, donde la escasez de agua es el gran hándicap, ha originado una lucha continua contra la sequía que el país ha resuelto mediante la innovación. Los ingenieros israelís han hecho progresos increíbles en el manejo de la gestión del ciclo del agua y han sido pioneros en tecnologías como el riego por goteo y la reutilización del agua y la desalación. Gracias a ello, Israel es un país independiente en esta materia mientras que el agua, más bien la escasez de la misma, se está convirtiendo en un problema que aumenta en muchos territorios. De ahí que muchos países recurran a Israel, y a sus empresas tecnológicas, para aprender sus métodos. Por tanto, todas las enseñanzas de Israel en este campo nacen de la propia necesidad. Si no hubieran tenido el problema de la escasez de agua, es probable que jamás hubieran destacado en este ámbito.

Necesidad militar

Israel es un país en guerra constante con sus vecinos. De ahí que la población aprenda las artes de la guerra sin necesidad de ir al servicio militar. Pero los conocimientos que adquieren están relacionados con la tecnología y la inteligencia estratégica. Esto lleva a que existan un buen número de expertos en comunicaciones que luego crean negocios con los que desarrollan tecnologías propias que acaban exportando por el mundo.

Formación puntera

Un estudio realizado hace cuatro años por la OCDE reveló que Israel era el segundo país más instruido del mundo, por detrás de Canadá, pero superando a Japón por mucha distancia. Una de las ventajas que el informe destacaba era que las instituciones formativas del país preuniversitarias tienden a avivar cualquier sentimiento de curiosidad, iniciativa o liderazgo en el alumnado. Es decir, premian a los que destacan y tratan de potenciar  las capacidades relacionadas con la innovación y la gestión de equipos. Las universidades, por otro lado, están invirtiendo fuertes cantidades de recursos en el desarrollo de sus capacidades tecnológicas, laboratorios y centros de investigación, lo que permite al alumnado acceder a equipos de primera con los que avanzar en el desarrollo de sus habilidades.

Además, la formación se enfoca directamente a la innovación ya que los propios israelís son conscientes de que su mera existencia se debe al I+D+i.

Sin problemas de financiación

El capital disponible y los medios de financiación no significan un problema u obstáculo para la innovación. En el país existen más de 70 firmas de capital riesgo prestas a invertir en cualquier proyecto avanzado, lo que permite el desarrollo de las empresas en sus primeros años para posteriormente, y una vez que han alcanzado la madurez tecnológica, desarrollarse en el exterior con éxito.

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