Son más de 12.000 kilómetros los que separan el hogar de Uriel y Guilad del estadio Pedro Bidegain en el Bajo Flores. Hay que cruzar el continente africano a lo ancho y todo el extenso Océano Atlántico Sur para llegar, una distancia enorme que se puede romper en tan sólo un par de clicks si tu viejo te convence desde chiquitos…

Ellos son hermanos, el primero de 30 años y el segundo de 26. Nacieron en Israel, en Kibutz Mefalsim, a poco más de 70 kilómetros de Tel Aviv, casi 100 de Jerusalén y a menos de media hora en auto de la Franja de Gaza, la zona más conflictiva entre su país y Palestina.

Cacho, el padre de ambos, nació en Argentina, es fana del Ciclón -igual que su papá Jocobo, quien era vitalicio azulgrana- pero desde hace 31 años vive en suelo israelí. “No le gusta el fútbol de allá y nos crió hablándonos de San Lorenzo. Por eso con mi hermano quisimos venir a conocer a nuestra familia y el club del que somos hinchas desde chicos, le cuenta el mayor a Olé, en un buen español.

“Allá somos hinchas del Hapoel Tel Aviv y los ultras son fanáticos de San Lorenzo, copian todas las canciones y en la cancha se terminan cantando temas de los que no conocen los originales, je”, agregan.

Para los dos es un sueño cumplido estar en Argentina, caminar por la Ciudad Deportiva y meterse en la popular cuerva como dos fanas más. Encima, trajeron suerte, porque estuvieron presentes ante Lanús y frente a Arsenal, dos triunfos. Y, obvio, ahora irán el jueves a la cancha del Granate. “La verdad que para nosotros es increíble todo lo que estamos pasando.La pasión con la que se vive es totalmente diferente y la vida social que hay acá, allá no existe. En Israel los estadios pertenecen a las ciudades, entonces todo eso no se vive”, cuenta Uriel.

Más allá de estar conociendo a sus primos y tíos, el viaje que planificaron es bien futbolero. “Queremos ir a todas las canchas que podamos, menos a Boca y River, je”, dicen a coro. “Estamos viendo si podemos ir a ver a la Selección contra Perú y queremos ir también a ver partidos de la C y de la D. Nos encanta el fútbol argentino. Allá se sigue mucho, pasan partidos en vivo a las dos o tres de la mañana”, revelan.

Los colores del Hapoel Tel Aviv son el rojo y blanco, por eso muchos hinchas van a la cancha con camisetas de River, pero ellos se encargan de educarlos: “Siempre les decimos que no, que tienen que ponerse la de San Lorenzo y les mostramos videos de la hinchada azulgrana, je”.

Para ellos, la Libertadores también es una obsesión, por eso ya están pensando qué hacer si los de Aguirre siguen avanzando en la Copa. “Yo soy profesor de educación especial y mi hermano trabaja en una empresa que organiza recitales; tenemos que volver a fin de octubre, pero vamos a ver si podemos quedarnos”, dice Uriel.

 

Vía Diario Olé

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