Si comparamos los Días Austeros (“Iamin Noraím“), Rosh Hashaná y Iom Kipur, con otras festividades del calendario hebreo, encontramos que se diferencian desde sus bases. Pésaj, Shavuót y Sucót tienen su origen en acontecimientos históricos, religiosos y nacionales: un pueblo se libera de la esclavitud, recibe la Torá en el Monte Sinaí, se forja en una trabajosa marcha a través del desierto. En contraposición a esto, los Días Austeros ostentan un carácter singular: pertenecen al mundo de la espiritualidad y de la fe, y al mismo tiempo exaltan los valores que son comunes a todo el género humano.
Rosh Hashaná, el comienzo del año judío, no alude a ningún suceso histórico, sino al momento en que fue creado el mundo. Y aun en el caso de que nuestra versión al respecto no coincida con la tradicional, los valores morales de ésta última no se ven menoscabados, ya que la aparición en escena de Adán, el primer hombre, nos señala que todos somos, por igual, sus descendientes: con los mismos derechos, sin que puedan existir “razas superiores”.

Una gran concurrencia, agotando todos los sitiales en la Sinagoga del Centro Hebreo IONA, con Uriel Aiskovich en la dirección y transmitiendo espiritualidad, acompañado por el Jazán Ruben Schapira,  el director musical Gabriel Toker,  el histórico coro de IONA, la  violinista,  el saxofonista. Manteniendo las tradiciones, IONA se modernizó, la pared desde la cual se puede mirar a Jerusalem se construyó igual al Kotel.

En un clima familiar, la tradición se hizo presente, mientras Uriel preguntaba a los asistentes, ¿ que significaba ser judío?, muchos opinaron y fueron partícipes.

Los chicos hicieron el primer kidush (brindis) de Rosh Hashana.

Con la emoción a flor de piel, se recordó a Sarita Arbatman Z’L, quien trabajó muchísimos años en la institución y cuando finalizaba este 5777 dejó de estar entre nosotros.

Para finalizar extraemos el deseo del Director del Centro Hebreo IONA: “Y con Rosh Hashaná vuelve la posibilidad de renovarnos. Cada día que tenemos aquí es la posibilidad de hacer algo distinto, de mejorar, disfrutar. Cada uno lo vive de otra manera. Cada uno lo cree de otra manera. Aún así compartir es la posibilidad de ayudarse en ese proceso. Para que la llegada de otro año, no sea algo que “solo nos pase”. Que podamos elegir, aún equivocándonos, o aún luego cambiando, aquello que queremos para este año. Que podamos encontrar libertad para decidir más, desde nuestras convicciones, y no desde el que dirán. Sabiduría para que esas decisiones nos acerquen a quienes queremos ser. Fortaleza para aún con temor, saber que riesgos merecen ser tomados.

Foto: Archivo

 

 

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