Era el momento más crítico para el deporte en el mundo: Las Olimpiadas “Nazis” de Hitler estaban a la vuelta de la esquina en 1936. Los alemanes estaban decididos a enseñarle al mundo que era la raza dominante en todo sentido. Estaban gastando más de 30 millones de dólares en sus Olimpiadas y era fácil ver que no limitarían su gasto para probarlo.

Era un tiempo volátil para los deportes. Gracias a sus políticas racistas, Alemania amenazaba con excluir a los judíos de las competencias. Los judíos de varios países organizaron sabotajes a los juegos. Estados Unidos retiro a sus equipos de las competencias y juegos alternativos fueron agendados en Barcelona, España, los cuales tuvieron que cancelarse al estallar la Guerra Civil española. Se respiraba una atmósfera tensa e incierta.

En medio de este torbellino tres mujeres pudieron hacer carrera deportiva en la esgrima y se convirtieron en figura internacional. Eran altas, esbeltas, elegantes y sabían usar la espada como ningún hombre de su época. Sin embargo, antes que nada, en la Alemania nazi lo que más las distinguía es que las tres eran judías. Fue así, justo cuando Hitler quería probar al mundo entero la necesidad del aniquilamiento a la raza judía, las tres finalistas del deporte más renombrado en el mundo de ese momento eran judías.

Fueron Helene Mayer, una alemana rubia, prototipo de belleza, campeona nacional desde los 13 años y mundial desde los 18 años. Había compitiendo en varias Olimpiadas y era aclamada por todos los presentes. Ellen Preis, austriaca, ganadora de la última Olimpiada, ágil, con 24 de edad había ganado ya varias competencias y se veía como una de las favoritas. E Ilona Scharer Elek, húngara, desconocida para la mayoría de los presentes, era su primer Olimpiada y ya tenía 29 años. Muy pocos creían que podía ser finalista y mucho menos ganadora. Sin embargo, así fue.

Durante dos semanas estas mujeres pelearon en las eliminatorias y destacaron con gran maestría entre las demás, a Ilona se le reconocía su rapidez y agilidad, y su gran habilidad para la estrategia. Sin embargo, se hablaba mucho de su falta de elegancia y arte. Mientras que Mayer y Preis, habiéndose entrenado con el método italo-germano de esgrima destacaban por su elegancia y postura dentro de la pista. Hasta la fecha muchos de los críticos se refieren a la batalla que hubo entre ambas como “el combate más dramático de la era”. Ganó Mayer por apenas unos puntos.

Lo mismo sucedió en su combate con Scharer, sólo que esta vez fue la húngara quien se llevó el premio mayor. Al final, para la sorpresa de todos y por una diferencia mínima de puntaje quedaron Ilana Scharer con medalla de oro, Hellen Mayer con medalla de plata y Ellen Preis con medalla de bronce. Cerrando juntas uno de los episodios más enigmáticos de la historia del deporte.

 

Vía Enlace Judíp

1 Comentario

  1. jajajajaja…para la humillación de hitler y su pedantería enfermiza de la “raza superior”.

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