El metro de Viena rinde desde homenaje a los judíos asesinados en el Holocausto con una obra de arte de la artista alemana Michaela Melian que se expondrá de forma permanente en la céntrica estación de Schöttering.

La obra se titula “Herminengasse”, en referencia a esa calle del barrio vienés de Leopoldstadt en la que vivía una gran comunidad judía antes de la anexión de Austria por la Alemania nazi en 1938.

En la salida del metro a la calle Herminengasse dos murales que cubren las paredes abovedadas representan con líneas grises el trayecto de más de 800 judíos desde ese lugar a distintos campos de exterminio nazis.

Cada uno de esos trazos grises sobre un fondo blanco muestra el destino de una vida -entre 1938 y 1945- desde Herminengasse hasta los campos de Dachau, Mauthausen, Auschwitz o Treblinka.

Además, en la salida donde se ubica el mural retumba constantemente el sonido de los vagones del metro, que emula los trenes en los que fueron deportados los habitantes de la calle.

El día de la inauguración tiene también su significado: el 19 de octubre de 1941, hace 76 años, 1.000 judíos fueron trasladados desde Viena hasta el gueto polaco de Lodz, en el que murieron más de 200.000 personas.

La memoria de las deportaciones de Herminengasse no se limita a su parada de metro: frente a las casas de esta calle se encuentran, como en toda Viena, placas metálicas que recuerdan a cada uno de los hombres y mujeres que fueron deportadas a un campo de exterminio.

Hasta 1938, cuando se produjo la anexión de Austria por la Alemania nazi, vivían en Viena unos 200.000 judíos, un 10 % de la población total de la capital.

Unos 130.000 lograron huir a tiempo de los nazis, mientras que el resto fueron enviados a los campos de concentración y de exterminio, donde la mayoría murieron. EFE

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