Cuando Uriel Aiskovich, de impecable smoking, comenzó con la presentación para la inauguración de la escritura del Sefer Tora del Centro Hebreo IONA, ante un templo colmado como en Iamin Noraim, una sensación distinta invadió mi cuerpo.

Sentí que no solo estaba mi hijo Diego al lado mío, levanté la vista y estaba mi bobe María sentada arriba en el medio mirando para abajo con los dos brazos apoyados en la baranda. La ví a mi mamá al lado de ella parada agarrándole el hombro a mi bobe. Del otro lado estaba mi papá, no se por qué pero luego la vi sentada a mi mamá Cuca abajo, pero ya con 30 años mas y un bastón.

Y en los sitiales principales lo vi a David, mi Seide, envuelto en ese Talit gigante y con el Sidur con tapa dorada que pasó luego a mi mamá y hoy tengo yo en mi poder (mi mujer me dijo que lo va a encuadernar).

Cuando lo ví ingresar al ex presidente de IONA, Sergio Pikholtz, junto al actual Javier Hurevich con las Torot en brazos y acompañado por otros integrantes de la comisión directiva con las demás (mi Seide debe haber llevado alguna de ellas), los niños con banderitas y a la juventud con los estandártes, luciendo orgullosos cada uno su bandera de Israel, sentí una emoción como hace mucho no sentía en el templo.

Y no era yo solo, todos estábamos emocionados: la Directora ejecutiva Janá Yansenson con la emoción y el orgullo a flor de piel ( Uriel es su hijo), las bobes de la primera fila tenían los ojos bañados en lágrimas, los hombres y mujeres besaban a cada Torá a su paso, los niños casi como sabiendo lo que sucedían se acomodaron adelante en silencio y con un respeto de adulto.

Luego todos juntos entonamos el Hatikva. Ese fue el preludio de lo que vendría después.

Mientras el Sofer-Torá Sebastian Grimberg nos explicaba que aquella persona que Uri convoque debía apoyar su mano en el brazo de él para ser parte y comenzar la escritura del Sefer Tora de IONA, que comenzó ayer 26 de Octubre de 2017 y no se sabe cuándo finalizará, nos pidió que busquemos en el alma para entender lo que iba a suceder. A mi no me hizo falta.

Levanté la vista y lo ví, estaba primero en la fila (como siempre),  envuelto en su Talit gigante apoyando su mano en el brazo del Sofer para comenzar la escritura;:era David Gutkin, el papá de mi mamá, el que nos llevó a IONA, cuando todavía para todos nosotros era “el Shill de Acevedo”

Gustavo Szpigiel

Director de Vis a Vis

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