El Colegio Pestalozzi se fundó el 1 de marzo de 1934 durante la época del nazismo. El objetivo de ese entonces era crear una institución educativa humanista que sostuviera y mantuviera la cultura europea en Argentina, y en particular el idioma alemán, en contraposición a los valores que sostenía el régimen nazi. El Dr. Ernesto Alemann, argentino de origen suizo-alemán, fundador de la iniciativa de este colegio, quien además era dueño del diario “Argentinisches Tagebllat”, el único medio que contaba la realidad de lo que sucedía en Alemania durante el Tercer Reich a diferencia de otros diarios alemanes de la época.

Hoy, a 83 años de su fundación, la Asociación Cultural Pestalozzi junto a la Embajada de Alemania en Argentina y la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires colocaron, el lunes 30 de octubre, la primera placa conmemorativa “Stolpersteine” fuera de Europa en la puerta de ingreso del Pestalozzi en el marco de la inauguración de la “Semana del Pestalozzi”.

El “Proyecto Stolpersteine” fue creado por el artista alemán Gunter Demnig que desde 1995 coloca placas recordatorias a nivel del suelo con el objetivo que los transeúntes se detengan y se inclinen a modo de reverencia y reflexión, una suerte de “memorial descentralizado”. El artista creó su propia fundación que lleva su nombre para que continúen con este trabajo de memoria cuando él ya no este. Este proyecto ya lleva 61.000 placas en más de 1100 países de Europa, y está es la primera vez que en Argentina se recuerda a la Shoá a través de esta forma de “memorial descentralizado”.

El director general de la institución educativa alemana, Michael Röhrig destacó la relevancia de los “pedagogos” del Pestalozzi que analizaron los acontecimientos, y celebró que esta “placa se ponga en una institución educativa”. Mientras se sucedían los discursos llamaba la atención como los alumnos del colegio, desde jardín hasta el secundario junto a sus padres y también los ex alumnos, se encontraban presentes escuchando atentamente y manteniendo un respeto por lo que estaba sucediendo. Es más, en la puerta de ingreso del Pestalozzi un grupo de padres con sus hijos se mantuvieron ahí durante los 25 minutos que duró el acto.

Anna Warda, coordinadora del “Proyecto Stolpersteine”, quien estuvo en la colocación de esta placa dialogó con los medios de comunicación presentes: “La iniciativa siempre viene de la sociedad. Nosotros solo la producimos. El Colegio Pestalozzi nos escribieron para colocar la placa y a nosotros nos gustó mucho la idea. Normalmente nosotros ponemos los “stolpersteine” en los lugares dónde se cometieron los crímenes de los nazis o empezó la persecución, pero en este caso, quisimos hacer la excepción porque es muy importante poner atención a los refugiados en estos tiempos. Además, hay que pensar que los inmigrantes judíos-alemanes que vinieron a la Argentina encontraron una escuela que los reciba aunque todavía estaban traumatizados”. 

Por su parte, la subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de CABA, Lic. Pamela Malewicz destacó en su discurso la importancia que la Ciudad de Buenos Aires y el Colegio Pestalozzi acojan esta placa “para mantener viva la memoria y evitar el olvido”, y continuar trabajando para que el respeto al prójimo, la paz y la multiculturalidad sean los valores fundamentales de la sociedad Argentina.

En el mismo sentido, el embajador alemán acreditado en nuestro país, Jürgen Christian Mertens aseveró que a partir de 1945 el gobierno de Alemania ha adoptado la época del Tercer Reich como “una parte irrenunciable de su Historia” para que “Nunca Más” ocurra una situación semejante en ninguna parte del mundo. También remarcó que “este tropiezo mental” que ocurre cuando una persona se cruza con una “stolpersteine” “es un sitio de respeto al prójimo”. Por último, terminó su discurso pronunciando la bendición de Sheejeianu que se recita o canta en momentos especiales de la tradición judía.

Por último, la presidenta de la Asociación Cultural Pestalozzi, Fernanda Oliden que no tiene descendencia alemana y tampoco pertenece a la colectividad judía, pero su padre decidió enviar a sus hijos al Pestalozzi, según le comentó a los medios presentes: “Soy hija de un hombre que amaba lo lindo de lo alemán; el humanismo y la cultura. Cuando le tocó elegir el colegio para mi hermano mayor le dijeron que había un solo colegio en la Argentina posible: el Pestalozzi (…) “Los Oliden fuimos la primer familia que no hablaba alemán y empezaban a traducir los actos resumidos por que estaba mi papá. Yo soy ex alumna del colegio, nunca se hablo alemán en mi casa. Mi casa fue la del puchero y las milanesas. Para mí estar hoy acá es espíritu de mi papá, es ese fundamental respeto a la diversidad y pensar que hay un día después del horror. El día después es todo lo que se hizo desde año 1934 hasta el día de hoy”. 

La idea de “memorial descentralizado” no es novedosa en la Argentina; existen en tres casos históricos: por lo sucedido en la última dictadura militar, después de muchos años en La Plata, en la Ciudad de Buenos Aires y en muchas provincias, se colocaron baldosas con una intervención artística en acrílico recordando a alguna víctima que fue secuestrada,posteriormente torturada y desaparecida. También en el  Atentado a la AMIA hay unas baldosas con luces colocadas en los árboles, a lo largo de la calle Pasteur hasta llegar a la kehilá, con los nombres de las 85 víctimas que fueron asesinadas por la bomba que estalló el 18 del julio de 1994. El último caso más reciente son los “Paseos de los Justos entre las Naciones”, que al igual al existente en el Museo de Yad Vashem, se hizo en la Plaza de la Shoá en la Ciudad de Buenos Aires y en la Costanera de la provincia de Santa Fe.

Fotos gentileza de la Subsecretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de CABA

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