¿Y si su comida a domicilio estuviera a un solo clic de distancia? Y no se trata de un botón para pagar su pedido en una web y esperar a que lo lleve un repartidor, sino de una impresora 3D. De hamburguesas, a patatas fritas o carne al alcance de la mano sin ningún esfuerzo en la cocina. Este es el escenario en el que están trabajando dos investigadores de la Compañía Yissum de Israel, una firma de transferencia tecnológica de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Además de la posibilidad de imprimir platos completos, los desarrolladores quieren que sean personalizados y nutritivos utilizando nanocelulosa, una fibra natural y comestible libre de calorías.

La tecnología, desarrollada por los profesores Oded Shoseyov e Ido Braslavsky de la Facultad de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de la Universidad Hebrea, permitirá la impresión 3D de alimentos para su consumo, tanto en casa como en restaurantes, escuelas y comedores, según los criterios predefinidos determinados por el consumidor. Su objetivo es cambiar la forma en que comemos, lo que comemos, cómo elaboramos nuestros alimentos, dónde los compramos y qué cantidad utilizamos.

El profesor Shoseyov dice que la tecnología de impresión 3D tiene dos beneficios clave para el público. Una es que es capaz de crear alimentos basados ??en la dieta del consumidor y en lo que quiere comer. El segundo es evitar el desperdicio de comida.

“Se tiran cerca del 30 por ciento de los alimentos que producimos antes de ingerirlos”, apunta Shoseyov, y pone un ejemplo simple: “Cuando vamos al supermercado con la intención de cocinar algo, no siempre compramos las cantidades exactas. Muchas veces, lo que adquirimos (verduras, carnes o lácteos) se desperdicia”.

Esta tecnología será capaz de abastecer en el futuro a una amplia variedad de consumidores y mercados, incluidos los vegetarianos, los que sufren de colesterol alto, o necesitan dietas bajas en calorías y sin gluten, dicen los investigadores.

“Queremos permitir a los consumidores que se prepararen sus alimentos personalizados para sus propias necesidades”, explica Shoseyov. “Se puede tener un control mucho más conscientes del azúcar que consumen, y los que sufren de presión arterial alta, o necesitan reducir el sodio, también pueden crear algo que se adapte a su dieta”.

Lo cierto es que los artículos impresos en 3D pueden ser caros (por ejemplo, una chaqueta impresa del diseñador israelí Danit Peleg cuesta alrededor de 1.500 dólares), pero a medida que se desarrolle esta industria de la impresión 3D, los costes serán más competitivo, y los procesos más rápidos y fáciles.

Shosheyov dice que la tecnología de Yissum podría cambiar el mercado de la venta de comida por comercio electrónico. “Es difícil que despegue este tipo de comercio electrónico porque cuando alguien quiere comprar una pieza de carne, prefiere verla con sus propios ojos”, explica. “Pero cuando el producto está en un cartucho de impresión 3D, esto ya no será un problema. Seguro que los grandes vendedores en Internet sabrán ver las oportunidades que la impresión 3D traerá a aquellos que quieren comprar comida online”.

Para preparar la comida, el cliente debe usar un cartucho que contenga los ingredientes y el equipo para calentar las materias primas y darles la forma apropiada. Los ingredientes vienen en forma de polvo o pasta y contienen nano-celulosa cristalina como el elemento clave, junto con proteínas, grasas, vitaminas y el resto de nutrientes.

La impresora se apoya en la nanocelulosa para unir los diferentes ingredientes. Es más saludable que el almidón, un producto utilizado habitualmente para dar consistencia y unir alimentos, ya que tiene cero calorías y no precisa de mucho tiempo para descomponerse en el sistema digestivo.

Los cartuchos se sumergen en agua con otros alimentos en polvo o en forma líquida y la nanocelulosa mezcla y une los materiales de forma natural, mientras que el agua se elimina por los láseres infrarrojos y el calor generado, que reproduce la cocción a altas temperaturas, simulando procesos de hornear, freír o asar en un espacio tridimensional. Elaborar platos con una impresora 3D dará al consumidor la opción de controlar no sólo los valores nutricionales de los que comen, sino también su textura.

Fuente Latina

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