En la noche que va del 9 al 10 de noviembre de 1938, las huestes nazis arrasaron la totalidad de las sinagogas de la Alemania Nazi, destruyeron miles de negocios judíos, asaltaron casas, escuelas y asesinaron a cientos de judíos incluidos niños. Así dio comienzo, para muchos y expertos historiadores el proceso de aniquilación de los judíos en Europa conocido como Shoa u Holocausto. El listado de destrucción y muerte está documentado, Por esta razón aconsejamos a todos aquellos que no padezcan Alzheimer histórico, refresquen estos datos, los hagan públicos e impidan que sean olvidados por la generación, que nos ha tocado vivir.

El olvido, la ocultación o ese simplemente dejarlo pasar, de estos hechos históricos u otros similares, debería ser considerados como un delito de lesa humanidad. Lo peor que puede hacer una generación que ha sufrido el indescriptible, doloroso y cruel Holocausto es olvidarlo y guardarlo, en el cajón de los amargos recuerdos. El olvido no está en la esencia del ser humano. No hemos sido creados para olvidar sino para rememorar, cada día, cada semana, cada mes y cada año todo lo bueno de la vida y también lo malo, negativo o no deseable. Si olvidamos morimos dos veces, sufrimos dos veces y en el plano de todo los positivo de la vida también nos alegramos dos veces, pero con mayor intensidad. El olvido es dañino e injustificable.

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, no se nos olvide, comenzó la aniquilación de la población judía particularmente en Europa y en la supuestamente culta Alemania Nazi. Una noche aciaga que ha sido definida, por los mismos alemanes, como la Noche de los Cristales Rotos o Kristallnacht, pero ¿Realmente se puede definir como una noche de cristales rotos? Absolutamente no. En una noche en la cual se destruyó Sinagogas, arrasó comercios, saquearon casas, escuelas y asesinaron a mujeres, niños, ancianos y hombres de todas las edades ¿Se puede definir cómo una noche en la cual algunos exaltados rompieron los cristales de algunos comercios judíos? Si olvidar en términos generales es un delito deberíamos considerar el minimizar o maquillar unos hechos tan inhumanos, como la ya mencionada noche como una crueldad. Un terrible dolor añadido a cuantos sufrieron, y siguen sufriendo, por la pérdida de sus seres queridos en el Holocausto.

 

El balance final del Holocausto, que insistimos comenzó en la práctica en la mencionada noche, se eleva a más de seis millones de judíos cruelmente torturados y asesinados. Un fatal balance que los llamados “negacionistas” quieren desacreditar y hacernos creer que nunca ocurrió. Ya hay que ser crueles, hipócritas e inhumanos para negar tan evidente verdad histórica. Para colmo de males muchos han asumido el concepto de Kristallnacht, como suficiente, para definir semejante pogromo.

Una noche “coincidente” con el nacimiento del conocido Martín Lutero el 10 de noviembre de 1438 ¿Sería una coincidencia que Kristallnacht se desarrollase la misma noche conmemorativa del nacimiento de Lutero? Pues no, mis queridos amigos. La Noche de los Cristales Rotos fue elegida ex profeso por los jerarcas nazis, para dar honor a Martín Lutero, por su odio visceral contra los judíos. En su poco conocido libro titulado Sobre los judíos y sus mentiras Martín Lutero volcó todo su odio contra los judíos, sus sinagogas y sus escritos induciendo al pueblo alemán, a que fueran sometidos a toda clase de torturas y vejaciones ¿Usted no lo sabía? Va siendo hora de que no olvidemos la historia y la pongamos a la luz de esta generación.

En el Proceso de Núremberg los jerarcas nazis se defendieron diciendo que ellos no habían hecho más de lo que Martín Lutero dejó escrito y enseñó. Un juicio que nunca se dará por concluido mientras algunos nazis sigan vivos o negando los hechos históricos del Holocausto. La Noche de Los Cristales Rotos o Kristallnacht debería ser conocida como la Noche de Lutero, en la cual los nazis estaban celebrando el nacimiento del inductor intelectual de la aniquilación de todos los judíos de Europa ¡Olvidar es una infamia que el Cielo juzga con rigor!

Por José Ignacio Rodriguez

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