La aparición de un monumento de Adolf Hitler frente a un decorado que muestra el campo de concentración de Auschwitz en un museo de cera en la ciudad de Yogyakarta es la última controversia en Indonesia por la banalización del nazismo.

Aunque el ARCA Statue Art Museum, que ofrecía selfies con cerca de 80 personajes históricos y famosos, retiró la instalación tras las críticas de organizaciones de defensa de los derechos humanos, su gerente, Jamie Misbah, dice estar sorprendido por la polémica.

“No queremos atraer la indignación de las personas que visitan la instalación de Hitler en nuestro museo, no queremos herir sus sentimientos, por lo que ya hemos retirado la figura” dijo Misbah.

Entre las organizaciones críticas se encuentran la judía Simon Wiesenthal Center y Human Rights Watch (HRW), ambas estadounidenses.

“Lo oímos en las noticias en todo el mundo y nos sorprendió porque no hubo una carta o comunicación formal del Simon Wiesenthal Center o Human Rights Watch sobre la situación con Hitler”, indicó el gerente del museo.

El investigador para HRW en el país asiático, Andreas Harsono, calificó la exhibición de “insensible o inmoral” y argumentó que la reacción de los visitantes del país de mayoría islámica hubiese sido diferente de tratarse de una tragedia que afectase a musulmanes.

“Igual, una comparación para los indonesios, es exponer una campo de concentración rohinyá y la estatua de cera de Wirathu”, dijo en referencia a la perseguida minoría musulmana de Birmania y al monje budista Wirathu que lidera un movimiento en contra de los rohinyá.

Para Misbah, el objetivo del museo no es crear indignación ni hacer daño si no “refrescar la historia” y educar a través de las figuras de cera.

En cualquier caso, no es la primera vez que Hitler y la estética del régimen nacionalsocialista aparecen en la cultura popular de Indonesia, el país más poblado del Islam y donde la legislación no prohíbe mostrar símbolos nazis.

A principios de año el joven indonesio Aris Setiawan ganó el premio del jurado en un certamen de “Cosplay” -disfrazarse de un personaje específico durante un evento- vestido de Hitler, en Surabaya, la segunda ciudad indonesia más poblada.

La victoria de Setiawan fue inmortalizada con una foto suya sobre el escenario realizando el saludo nazi, mientras que el resto de los asistentes repetían el gesto enfundados en llamativos atuendos.

Las imágenes se hicieron virales y las críticas al jurado del festival no tardaron en llegar, lo que llevó al joven indonesio a aclarar que no estaba de acuerdo con la ideología del dictador.

Otro de los casos más controvertidos es el Soldatenkaffee (Cafetería de los Soldados), un establecimiento de la ciudad de Bandung, a unos 120 kilómetros al sureste de Yakarta, que muestra en sus paredes banderas con la esvástica y retratos de Adolf Hitler junto al menú de pastas, infusiones y cafés.

Su dueño, Henry Mulyana, cerró la cafetería, que ha estado abierta de forma intermitente desde 2011, en enero de este año, pero no por su controvertida temática si no para buscar un local más grande y mejor localizado, según indicó a la prensa entonces.

A pesar de que Mulyana siempre ha defendido que su elección no es ideológica si no empresarial y estética, en 2013 tuvo que interrumpir el negocio tras recibir amenazas de muerte.

“Me di cuenta que mostrar símbolos nazis iba a desatar controversia, pero decidí hacerlo porque no sentía que estaba violando ninguna ley”, dijo Mulyana.

Para la profesora de Cultura e Historia alemana de la Universidad de Indonesia, Regina Widhiasti, existe una mezcla de desconocimiento y falta de concienciación sobre este episodio de la historia, y además a algunos indonesios les atrae la faceta militar de Hitler, al margen de su ideología.

“Supremacía, gran liderazgo, poder, invencibilidad”, enumera Widhiasti como alguna de las cualidades que ven los indonesios que admiran la imagen del “Führer”.

 

Vía Aurora

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