Al estilo del criminal nazi Hermann Göring en los Juicios de Nuremberg, Slobodan Praljak prefirió no afrontar a la justicia.

El criminal de guerra croata Slobodan Praljak impactó este miércoles al mundo al beber veneno frente a su audiencia condenatoria frente al tribunal que lo juzgaba para morir minutos después.

Imágenes sensibles:

Mientras se le dictaba la confirmación de su sentencia por 20 años de prisión emitida en 2013 debido a su involucramiento en la limpieza étnica de musulmanes de Croacia durante las guerras de desmembramiento de Yugoslavia, Praljak sacó una pequeña botella y después de exclamar entre otras cosas, “Jueces, no soy un criminal de guerra. Rechazo el veredicto. ¡Praljak no es un criminal!“, la bebió y aseveró que se trataba de veneno.

El auditorio del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) quedó atónito por unos segundos y a pesar de tratar de querer continuar con el procedimiento legal, los jueces decidieron suspender la audiencia y llamar a un médico.

Praljak fue trasladado de manera inmediata para que recibiera asistencia médica pero finalmente murió minutos en un hospital de la ciudad de La Haya y las autoridades judiciales declararon la sala de audiencias del TPIY como una escena criminal.

Entre las acciones probadas sobre Praljak está una deportación de musulmanes de la ciudad de Prozor en 1993 en la que negligentemente permitió que se realizara. Y de la misma manera se probó su negligencia en hacer algo en contra de los asesinatos planeados por militares croatas, así como en contra de organismos internacionales y la destrucción de sitios históricos como mezquitas musulmanas.

Göring se anticipó un par de horas a su ejecución y logró burlar al verdugo, quitándose la vida en su celda con una cápsula de cianuro minutos antes de las 11 de la noche del 15 de octubre de 1946. “Elijo morir como el gran Aníbal”, escribió en una de las tres cartas que dejó, encontradas más tarde.

Hermann Göring fue detenido por los americanos

El 15 de octubre de 1946 no fue un día más en Nuremberg. Era la antesala de jornada de las ejecuciones, que se iban a llevar a cabo la madrugada del 16. Los prisioneros habían notado caras nuevas, ruidos y movimientos en la prisión. Estaban armando los cadalsos en el gimnasio.

Cuando el doctor Ludwig Pflüker, un alemán que asistía a los reos, ingresó a la celda de Göring para darle sedantes como cada noche, el último le hizo un par de comentarios que lo llevaron a pensar que estaba al tanto de lo que se venía. “No hay dudas que preparan algo”, fue una de las frases que escuchó el médico. En sus memorias, Pflüker dijo que sustituyó los sedantes por un placebo para evitar que Göring entre en un sueño profundo, ya que poco después debía ser llevado al patíbulo. Pero esto nunca ocurrió. Minutos después, a las 22.44, aproximadamente dos horas antes de la sentencia, el ex número dos de Hitler, observado permanente por la mirilla de la puerta de la celda por el soldado Harold Johnson, mordió la cápsula y poco después murió. Fueron vanos los intentos por reanimarlo.

 

Vía The Guardian / Enlace Judío / Infobae

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