Solo unas pocas generaciones atrás, Janucá era una festividad marginal en el judaísmo, celebrada por unos pocos. Hoy se está rápidamente convirtiendo en una de las más observadas festividades judías, casi a la par con Pesaj y hasta con las “Altas Fiestas” de Rosh Hashanah y Yom Kippur.

Durante un tiempo se atribuyó el fenómeno de esta transformación a la “envidia de la navidad”. Alguien pensó que aplicando categorías freudianas se lograría explicar cómo una fiesta que si los rabinos del Talmud hubieran podido, la habrían suprimido.

En efecto, a los ojos de los sabios que escribieron el Talmud, solo los descendientes de David tenían derecho al título de rey. Los Macabeos- el apodo dado a los descendientes de Hasmón (por lo tanto, la familia hasmonea)- eran usurpadores que habían abusado de su victoria sobre los seléucidas. Y aunque los hasmoneos eran sacerdotes, los rabinos estaban en contra de que el oficio de Sumo Sacerdote cayera en las manos de aquellos que también ejercían el poder político (sin hablar de que sus manos estaban manchadas con sangre gentil y judía). Los rabinos tenían razón, con el tiempo, la inestabilidad y la corrupción del reino hasmoneo colapsaron en una guerra civil.

Hoy, curiosamente, algunos de los que dicen ser descendientes de esos antiguos rabinos hacen una virtud del comportamiento de los hasmoneos. En una actitud típica del sectarismo, algunos judíos argumentan que aquellos que comparten su misma historia, pero no observan su estilo de vida cultico son “helenizantes”, el tipo de judíos contra los cuales lucharon los Macabeos. Janucá, en la agenda de ciertas sectas judías sirve como motivador de intolerancia.

Estas supuestas causas difícilmente explican el fenómeno de por qué Janucá se está convirtiendo rápidamente en una fiesta tan amada y observada tanto para los judíos practicantes de cultos como para los judíos no-practicantes e incluso para aquellos que, en general, sienten una vaga conexión con el judaísmo.

En nuestra sociedad, fragmentada y casi desprovista de valores, el judaísmo ofrece otra oportunidad para estrechar filas y manifestar la importancia de la familia, de la comunidad y los valores más apreciados por los judíos hoy.

“Lo que celebra Janucá”, escribió el fallecido profesor de Religión Comparativa T. H. Gaster, “es el inalienable derecho de los seres humanos a su propio carácter e identidad”. Por esa razón, Janucá es una ocasión de importancia contemporánea. ”

Sharon Kleinbaum, rabino de la Congregación Beit Simchat Tora en Nueva York, nos dice en un estilo vívido: “A pesar de tratarse de un episodio militar, estamos, en cambio, celebrando el milagro del aceite. Es notable, que aquí encontramos este gran evento militar, pero lo que realmente recordamos con el ritual de encender las velas es que alguien tuvo el descaro, la fe, la esperanza de tomar un frasquito de aceite e imaginar que duraría. Creo que eso es para nosotros hoy muy profundo. Podemos imaginarnos a todos a su alrededor, diciendo. “Nudnik, ¿por qué estás encendiendo ese poquito aceite? No te das cuenta que es insuficiente? Date por vencido, ni siquiera lo intentes. ¿Cuál es el punto? “Esto se dirige hoy a todos nosotros los que sentimos la desesperación de la capacidad de nuestras vidas de tener un impacto en las condiciones del mundo. La januquia, o memora, dice: “Comienza con lo que sea que tengas, úsalo bien y confía en que habrá un futuro más allá de este día”.

“Pesimistas y asimilacioncitas”, dice el ex presidente del Consejo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos, el rabino Irving Greenberg, “más de una vez han informado a los judíos que ya no queda aceite para quemar. Mientras Janucá sea estudiada y recordada, los judíos no se rendirán a la noche. La respuesta adecuada, como enseña Janucá, no es maldecir la oscuridad sino encender una vela “.

Moshe Pitchon

Es el Director of BY un  Think Tank del Judaism del siglo 21 y es el Presidente de Friends of Ziv Medical Center. Sus artículos acerca del judaísmo aparecen en los medios alrededor del mundo en español, portugués, francés e inglés.

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