Han pasado 70 años desde que el 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de Naciones Unidas votara a favor del plan de Partición del Mandato Británico sobre Palestina, con la creación de un estado judío y otro árabe. En realidad, no era la primera vez que ese territorio se partía y repartía desde que 30 años antes fuera declarado hogar nacional para los judíos. Primero, al ser desgajada dicha área de la provincia a la que pertenecía (Siria-Palestina) con capital en Damasco; y en 1922 al destinarse todo el territorio al este del río Jordán a la creación de un nuevo país árabe (llamado por ello Transjordania).

Las autoridades británicas se plantearon ya en los años 30 un nuevo reparto del territorio, al que los líderes árabes se opusieron. La presión de los supervivientes del holocausto nazi y la comunidad internacional finalmente impulsaron la decisión con que iniciamos el relato y que trajo, como consecuencia unos seis meses después, la salida de las fuerzas mandatorias, la declaración del nuevo estado de Israel y la inmediata invasión bélica de siete ejércitos de la Liga Árabe. A pesar de la desventaja numérica y de recursos, Israel sobrevivió y los armisticios de 1949 establecieron unas líneas de separación, no fronteras aceptadas ni definitivas.

Las agresiones árabes a territorio israelí siguieron en forma de ataques terroristas de muyahidines y, tras la entrada geopolítica de los soviéticos en la región, se animaron a iniciar una batalla definitiva para expulsar a los judíos. Una vez más, sin embargo, el diminuto país se sobrepuso a la amenaza, destruyó a los ejércitos enemigos en sólo seis días y recuperó los territorios que formaban parte del Mandato y que habían sido militarmente ocupados por Egipto (la franja de Gaza) y Jordania (las tierras al oeste del Jordán, incluyendo la mitad oriental de la ciudad de Jerusalén). Además, Israel ocupó (en este caso es correcto llamarlo así, ya que eran territorios pertenecientes a otros estados) el desierto del Sinaí (que devolvió a Egipto en los Acuerdos de Camp David) y los Altos del Golán (a la espera de un tratado de paz con Siria).

Desde entonces, los líderes de los árabes de estas zonas recuperadas han usado métodos terroristas y diplomáticos simultáneamente para convencer al mundo de la necesidad de una nueva Partición, no ya de la Palestina del Mandato, sino del propio Israel, para la creación de un nuevo estado árabe. ¿Cuántas veces se puede partir y repartir una misma porción de tierra? ¿Aceptará el mundo árabe un Israel judío después de ello?

Shabat shalom

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad

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