Después de fabricar durante años una clepto-historia (un relato del origen colectivo calcado de quien consideran un enemigo a eliminar), la dirigencia palestina eleva su apuesta en el campo de la historia-ficción. Después de arrogarse el mismísimo origen del cristianismo según el cual Jesús era palestino (mucho antes que los romanos castigaran la rebelión de Judea rebautizándola Palestina), o su falsa vinculación con los pueblos de los mares griegos conocidos como filisteos (del hebreo plishtím, invasores), siguen retrocediendo en el tiempo para llegar a los cananeos, el hace mucho tiempo desaparecido pueblo que moraba en la misma tierra a la llegada de Abraham y que fuera militarmente derrotado por los israelitas liderados por Aarón y que habían salido de Egipto al frente de su hermano Moisés.

Como es habitual, dirigen estos desvaríos a su gente y en árabe sin aportar ninguna prueba científica porque lo importante es convencer, no justificar. Con ello intentan legitimarse como habitantes originales de esas tierras contra la abrumadora evidencia de presencia judía antes de la destrucción de Jerusalén que día a día descubre la arqueología y otras ciencias capaces de documentar el pasado. Los actuales palestinos son descendientes de los pobladores de la península arábiga que conquistaron la zona en el siglo VII con la expansión del Islam, y de los habitantes nativos que se convirtieron y fusionaron, cristianos bizantinos y judíos. Los que de ninguna manera entran en la composición genética son los cananeos, quienes al desaparecer seguramente se asimilaron con los pueblos vecinos, incluidos los que los conquistaron, los futuros judíos.

Claro que, con esta dinámica de retorcer la realidad, no es de descartar que para reivindicar su carácter aborigen en las mismas tierras nos remitan a unos sapiens mucho más antiguos que (de alguna manera que no se ocuparán de demostrar) serían criaturas identificadas como palestinos. Y si no cuela, ¿qué tal decir que ellos descienden de neandertales injustamente desplazados por colonos sapiens que ocuparon por la fuerza sus territorios? Es una batalla sin fin, ya que, de demostrarse que tampoco los neandertales eran palestinos -habitantes precedentes a los judíos en la región-, habría que retrotraerse aún más en las especies de homínidos en una “escalada biológica inversa” que nos llevaría a la ameba y más atrás. ¿Hasta dónde? ¿Fue el Big Bang el primigenio y explosivo presagio de su identidad? La carrera para ver quién la tiene más larga (la presencia en esas tierras) sólo tiene una salida: el reconocerse los unos a los otros como amantes de un mismo terruño. Los palestinos deben aceptar la existencia de un estado que nació para ser judío (tal como estableció la propia Partición del Mandato Británico aprobada por Naciones Unidas) y nosotros que, a pesar de los desvaríos de sus líderes, los palestinos tienen derecho a una identidad y un estado propios. Sí, en la misma tierra.

Jorge Rozemblum

Director de Radio Sefarad www.radiosefarad.com

Sin comentarios

Deje una respuesta