Irán conmemoró ayer el levantamiento popular que terminó la monarquía Pahlaví, y dio paso a la instauración de una República tutelada por el clero islámico, con un nuevo ejercicio de convicción colectiva. Hubo himnos patrióticos, elegías a los “mártires” defendiendo los intereses del país y reivindicación contra los “enemigos” EEUU e Israel. Varias decenas de miles de personas gritaron contra ambos países, algunos pudieron disparar balas de pintura sobre fotos de sus líderes, otros limpiaron sus zapatos sobre sus banderas.

Irán no ha reconocido la noticia del derribo israelí de uno de sus drones, anunciada por Tel Aviv el sábado. El general Hasan Salami, subcomandante de la Guardia Revolucionaria -fuerza paramilitar leal al Guía Supremo-, no mencionó el suceso ayer, durante una conferencia. Aun así, según la agencia estudiantil ISNA, aseguró en una intervención que “desde el punto en que nos encontramos podemos destruir todas las bases de EEUU en la región y hacer un infierno al régimen de los sionistas”.

Tampoco se hablaba del tema a lo largo de Enghelab, flanqueada por docenas de casetas de asociaciones que agasajaban a los participantes con diatribas nacionalistas, recitales de música o poesía épica y tentempiés. Allí no se dudaba del papel de Irán en Siria, definido por Ali Shamjani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, como de “asesoramiento”. “Irán se está defendiendo a sí mismo en Siria. Tanto a sí mismo como a quienes comparten sus ideales”, sentenció Majid, un joven militante basiyí.

La República Islámica se acerca al 40º aniversario tras una ola de protestas, en las que denuncias de agravios económicos desembocaron en clamores contra el poder, y en plena apertura social del debate sobre la obligatoriedad del velo, elevado por los rigoristas a símbolo revolucionario.

Una carpa en Enghelab respondió ayer a las recientes reivindicaciones de chicas descubiertas en plena calle, culminadas con 29 detenciones, improvisando un certamen singular: el público, con aplausos, votó a la chica más tapada de entre nueve aspirantes en un escenario. La avenida Enghelab, en español “Revolución”, desemboca en la plaza Azadí (Libertad), coronada por una torre de 45 metros de mármol blanco. Al pie, el presidente Hasan Rohani llamó al pueblo a superar las diferencias en los próximos 365 días. “El próximo año será, literalmente, el de la madurez de esta revolución”, proclamó, “debemos ver más unidad nacional que en el último año”. Aunque sin referencias al episodio del día anterior, Rohani puntualizó triunfalista: “Estamos siendo testigos de cómo la región se vuelve más estable, mientras EEUU e Israel se debilitan”.

Fuente: BBC

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