“Día Internacional de la Mujer”

Mientras Alí Jamenei, líder supremo entre los ayatolas iraníes, sostiene que la libertad de género es el uso instrumental de la mujer que han implementado los sionistas para corromper su papel en la sociedad, en el Estado de Israel, la Capitana de la Defensa Civil de las IDF, Karin Kvitca, intentaba rescatar vidas en el terremoto de México del mes de setiembre de 2017.

Karin tiene alrededor de 30 años, está embarazada y sintetiza en su cuerpo más bien menudo, todo el desprecio hacia las mujeres y su verdadero rol en las sociedades modernas de la teocracia iraní, que piensa, en pleno siglo XXI, que el único lugar reservado a la mujer es dar de comer a su marido y a sus hijos mientras limpia la casa porque esa sería su forma de elevación espiritual.

Asistimos a un tiempo histórico complejo, donde el rol de la mujer se enfrenta a cambios frenéticos y apresurados, y los movimientos feministas adquieren un protagonismo inusitado.

Me niego a los ismos, al machismo, al feminismo, al comunismo, al fascismo porque remiten a colectivos que exacerban el extremo, prefiero los puntos de encuentro, la libertad individual, el librepensamiento, la igualdad de derechos y de obligaciones, la independencia en la toma de decisiones y. por sobre todo, adhiero al derecho de cada hombre y cada mujer a ser lo que quiera ser, sin ser juzgado por su género, aunque el mismo sea fruto de una elección propia, ni por ninguna otra condición.

Los regímenes misóginos del mundo musulmán, como lo es el iraní, tal cual lo manifiesta Alí Jamenei, desprecian la libertad de pensamiento y por ende desprecian que una mujer pueda decidir por sí misma qué quiere ser, y qué quiere hacer con su vida.

Como paradoja, aquello que los ayatolas manifiestan como la corrupción impulsada por el sionismo es precisamente desde una cosmovisión libertaria y moderna uno de los atributos más poderosos del judaísmo liberal y del sionismo, que impulsa a la mujer a ocupar en la sociedad el lugar que ella misma se proponga.

En ese vértigo de cambios urgentes, se mezclan las denuncias por viejos y nuevos acosos de hombres a mujeres, la desigualdad en la remuneración ante iguales tareas y trabajos y las leyes de cupo femenino en distintas instancias de los poderes políticos.

En lo personal desconfío de esto último, fundamentalmente porque creo en la capacidad de las persona mucho más que en el lugar que les cabe por su género, sin embargo lo considero parte de un proceso que ha comenzado hace no muchos años y que, sin duda, llegará al punto donde la sociedad patriarcal dejará de ser tal.

Mientras el ayatola tiene tipificado el rol de la mujer, el mundo judío liberal, y el sionismo especialmente, entregaron modelos de mujeres que han liderado ejércitos, incluso liderazgos maravillosos en el mundo de las ideas y el pensamiento.

Desde Ayn Rand, escritora rusa exiliada en Estados Unidos hacia principios del siglo pasado, verdadera impulsora de la libertad y las luchas contra el totalitarismo político y de la sociedad colectivista, Janna Senes, vieja combatiente contra la barbarie nazi en los campos de batalla de la Europa ocupada, Hannah Arendt con pensamientos disruptivos y revolucionarios para todas las épocas, pasando por Golda Meir, la tercer primer ministro del mundo, gobernando un país joven y en guerra como Israel, los judíos liberales, hemos dado muestras de ser los primeros adelantados en impulsar la igualdad de género a través del reconocimiento a sus méritos.

De todos modos, esta igualdad no tiene que ver con el rol que los hombres demos a las mujeres, la igualdad de género tiene que ver en tratar a las mujeres como pares lo que implica no obstaculizar su crecimiento y desarrollo personal.

No se trata de una guerra entre el feminismo y el machismo, ambos resultan funcionales a los dictámenes del ayatola iraní, sino de derribar la barrera del prejuicio y el velo que el mundo islámico utiliza para ocultar una verdad inalterable. Hombres y mujeres somos la misma cosa, criaturas de la creación, con mucho para dar y para recibir.

¿Cuántas Fryda Khalo, que probablemente muchos no sepan que era judía, hubo en el misógino mundo de los ayatolas?

¿Cuántas Simone Weill, cuantas Rosas de Luxemburgo o cuántas Simone de Beauvoir han dado las teocracias en miles de años de historia al mundo de la filosofía?

¿Cuántas Lina Stern o cuantas Melanie Klein han dado feministas o machistas al mundo de la ciencia y el psicoanálisis?

En lo personal me conmueve la belleza femenina, admiro sus contornos y sus figuras, amo sus miradas profundas de la realidad y esa capacidad suprema de multiplicarse y ser efectivas, amo por sobre todo compartir mi trabajo y mi vida con ellas más allá de toda máscara o de toda pretendida competencia.

Y creo que estos tiempos son momentos de tránsito turbulento entre viejos modelos antagónicos que se alimentan del conflicto porque considero que el horizonte está claro, hombres y mujeres, iguales ante la ley, iguales de derechos, iguales de oportunidades.

Como dice Alí Jamenei, la igualdad de género tal vez haya sido impulsada por los sionistas para corromper algunos valores y, es verdad, estamos corrompiendo los valores del totalitarismo y el menosprecio por el valor de las mujeres.

Desde sus treinta, Karin con su uniforme de Tzahal, escalando los escombros del DF en búsqueda de sobrevivientes primero, y víctimas después, parece darme la razón.

Sergio Pikholtz: Presidente de la Organización Sionista Argentina (OSA)

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