En Arroyo y Suipacha, lugar donde se encontraba emplazada la Embajada de Israel en Argentina, antes de que una bomba explote y destruya la vida, los sueños de las víctimas, sus familiares y modificará la de los sobrevivientes, se realizó el tradicional acto de juventud al que concurrieron jóvenes de los distintos movimientos juveniles, ciudadanos de a pie y vecinos que viven en los edificios del alrededor y que salían a los balcones a escuchar el acto.

En un acto emotivo, en el cuál reinó el silencio, la solemnidad y el respeto, el primer orador fue el embajador del Estado de Israel, Ilan Sztulman quién aseguró que un día de mucha tristeza no solo para los judíos, sino también para la sociedad Argentina en su conjunto, y que es importante este tipo de actos para contribuir a no olvidar. A continuación un grupo de jóvenes artistas realizaron una performance actuando y haciendo expresión corporal mientras se escuchaba un audio. 

El acto bajo el lema #ConectadosConLaMemoria buscó interpelar(se) haciendo un revisionismo histórico que lo plantearon los jóvenes al momento de dar su discurso: “Somos nosotros, los jóvenes, quienes sentimos que debemos manifestarnos año tras año en este lugar (…) Hoy 15 de marzo del 2018 en Arroyo y Suipacha hay una plaza, hace 26 años 15 de marzo de 1992, acá en Arroyo y Suipacha, hay una embajada…¿ en el medio? ¿por qué cambiaron la embajada por una plaza? ¿que paso? Cerra los ojos, trata de conectar (…) No decidimos poner una plaza, alguien decidió sacarnos la embajada (…) Como jóvenes no olvidemos ni perdamos la conexión con este trágico día”.

A continuación, subió al escenario un sobreviviente de aquella bomba asesina, Alberto Kupersmid, para encender una vela en recordación por las personas que ya no están. Alberto trabajaba en el área consular como empleado, y aquel 17 de marzo de 1992, había bajado al kiosco y se quedó hablando con los de seguridad. Fue uno de los primeros que pudo salir por sus propios medios por que quedó atrapado debajo de un escritorio.

Luego, Gisela Lancieri, hija de Miguel Ángel Lancieri ciudadano uruguayo que falleció en el atentado, fue las encargada de realizar el discurso evocando la memoria de su padre, no desde el odio y la venganza sino desde la memoria y la verdad: “Para 1992 yo tenía 13 años recién cumplidos; soñaba con un mundo mejor. A esa edad mi papá era mi héroe lo sabía y podía todo (…) Pero en un abrir y cerrar los ojos, mi mundo/realidad (…) La muerte eso tan lejano en mi conciencia de 13 años se hizo carne, tomó forma, ahí estaba…la muerte de mi viejo, el asesinato de mi papá. Como dijo mi hermano (Maximiliano), hace unos años, en otro acto de la juventud, el odio y la venganza podían haberme (nos) ganado y transformarnos en seres llenos de odio, fiel al estilo Juego de Tronos. Pero el asesinato de mi papá, no nos lleno la vida de odio y venganza”.

 

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