La conmemoración reciente del 8 de marzo y el despertar de una nueva oleada reivindicatoria de los derechos de las mujeres nos invita a reflexionar desde una mirada religiosa.

Ciertamente podemos hacer notar que existe una falta histórica cometida contra la mujer por el varón. En primer lugar resulta evidente que la lesión sistemática de la dignidad femenina fue generada por la corrupción que es inherente al poder de la fuerza física del varón.

Esa fuerza bruta que es una actitud instintiva de los animales, en el ser humano, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, el aprovechamiento de la fuerza bruta para discriminar lo denigra y resulta un sacrilegio grave, que refleja la inmoralidad y crueldad del que la práctica.

La fuerza bruta simplemente fue aprovechada por el varón para someter a la mujer y con el tiempo, desde esa ilicitud, se fue transformando esta relación de sometedor y sometida, en paradigma de lo que es justo, normal y determinante de relaciones entre el hombre y la mujer y se convirtieron en los valores aceptados en la sociedad primitiva.

Es un grave pecado cuando alguien avasalla los derechos de otro aprovechándose de su debilidad para someterlo, cuando la tradición bíblica del judaísmo recalca, lo que es obvio hoy al sentido común de todos los hombres, que cada ser humano debe ser respetado y considerado sea débil o fuerte, pobre o rico, enfermo o sano, de una nacionalidad u otra, mujer o varón.

Más aún, cuando alguien padece de una debilidad, la Torá obliga a protegerlo y cuidarlo más.

Aunque con el tiempo los elementos de poder se sofisticaron más allá de la fuerza física, ya sentó el precedente y la mujer quedó sometida por la inercia de la historia primitiva, y fue generando una segunda injusticia que fortaleció la discriminación contra la mujer que consiste en creer en la teoría de la superioridad del varón por sobre la mujer.

Cualquier premisa que sostiene la primacía del hombre sobre la mujer es falsa y repudiable y contraria a La Sagrada Torá que da suficiente cuenta sobre la grandeza de la mujer. La mujer en realidad es superior en muchos aspectos especialmente en lo espiritual.

El relato bíblico pone de manifiesto que la creación fue un proceso de evolución, los primeros elementos creados eran inertes simples, y a medida que pasaba el tiempo las criaturas eran más sofisticadas y delicadas, elevadas y complejas, el último ser en crearse fue el varón, pero después de él, se realizó una última y definitiva creación que completaba y daba sentido al universo: esa era la mujer.

La Torá (la biblia hebrea que es el antiguo testamento cristiano) no es un libro de historia ni de ciencia, es un libro de valores, y recalca con esta anécdota que la mujer es superior en espiritualidad al varón.

Lo que hoy es razonable para todos, al comprobar que casi la totalidad de las guerras, de los delitos, asesinatos y robos de la humanidad los cometen los varones, que la misericordia, la piedad y el amor entre otras tantas virtudes fundamentales humanas, son más comunes en la mujer que en el varón, ya la ley hebrea lo pregonaba desde hace miles de años.

De esta manera, el varón continuó sometiendo a la mujer disponiendo de ella como un objeto, en lugar de recibir el trato de sujeto de derechos y obligaciones.

En ese sentido, saludamos con beneplácito la lucha en defensa de los derechos de las mujeres. El movimiento feminista es un movimiento justificado, esperado y fomentado por la filosofía religiosa (no adaptada ni reformada) del judaísmo.

Desde los tiempos más remotos, los sabios hebreos se esforzaron por encontrar soluciones que supriman las tendencias machistas y discriminatorias de la sociedad, como puede notarse en todo El Talmud, especialmente en el Tratado de Ketubot ( contratos nupciales).

Resulta imperativo terminar con la dominación injusta del varón por sobre la mujer ya sea porque el varón se aprovecha de la fuerza o porque crea que es más meritorio, porque el primer argumento es inmoral y el segundo es aparte de inmoral, falso.

Es por ello que por antonomasia, la sociedad debe ser a feminista si con esa denominación nos referimos al rechazo de la dominación del varón sobre la mujer.

En contraste a esta posición clara del judaísmo y la razón, es menester aclarar que una actitud ideológica extrema sin criterio, impulsada solo por las oleadas de la moda, o inspiradas en slogans o euforias fantasiosas, puede llegar al grave error de declamar una igualdad absoluta.

La relación de sujeción sólo existe entre el Creador y nosotros sus súbditos.

Hombres y mujeres no son superiores los unos a los otros, no pueden someterse los unos a los otros, pero han sido creados con propósitos, virtudes y capacidades diferentes, y ese es un asunto de suma importancia para tener en cuenta a la hora de hacer justicia con los oprimidos, en este caso las mujeres.

No sea que sean liberadas del sometimiento histórico primitivo, se les imponga socialmente obligaciones y expectativas que las agobien y que no son naturales a su esencia.

 

Por Rabino Isaac Sacca
Vía Infobae

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