Poco sabía Elad Levy de la Argentina cuando llegó de visita más de 11 años atrás. Formado en ciberseguridad durante su estadía en el ejército israelí, vino a Buenos Aires para trabajar de forma freelance en una empresa de juegos en línea y recorrer la Patagonia en su tiempo libre. Sin embargo, encontró mucho más: una mujer, Ruth, que se convertiría en su esposa y una idea que llegaría a valer US$900 millones.

“Me gustó tanto todo que me quise quedar”, recuerda Levy desde su oficina porteña en un castellano que ahora apenas denota su origen israelí. Entre 2002 y 2004, su conocimiento de informática lo puso en el radar de 888 Holdings, una empresa con base en Tel Aviv dueña de un conjunto de empresas de apuestas en línea. Pero el viaje a Buenos Aires y las regulaciones del sector lo llevaron a decidir su renuncia.

Su primer proyecto en tierra argentina fue Centuno Solutions, en el que trabajó durante seis años proveyendo servicios de desarrollo de software a diversas compañías hasta que en 2011 decidió usar su experiencia para armar su propia empresa de social casino(como se conoce a los juegos de apuestas accesibles desde las redes sociales) junto a su amigo Ezra Regev, quien manejaba la parte de estadística y marketing desde Israel.

La empresa, en la que Regev y él ocuparon los roles de CEO y CTO, respectivamente, fue bautizada Pacific Interactive Limited. ¿Su producto estrella? House of fun (La casa de la diversión), una aventura virtual en una antigua mansión desvencijada cuyo funcionamiento emulaba al de una máquina tragamonedas. El éxito fue inmediato: el juego llegó a acumular 2,7 millones de usuarios activos mensuales.

En 2014, apareció una oferta difícil de rechazar: Caesars Interactive Entertainment, la subsidiaria digital del hotel y casino Caesars Palace de Las Vegas, compró Pacific por US$90 millones para sumarla a Playtika, otra firma israelí de social casino que había adquirido en 2011. Levy permanecería en la firma como CTO de House of Fun con una participación minoritaria durante tres años más

En julio de 2016, la empresa cambió de manos nuevamente. Un consorcio de compañías chinas, entre las que se destacaba Yunfeng Capital, un fondo creado por el millonario creador de Alibaba, Jack Ma, acordó la compra de Playtika por US$4400 millones. Para ese momento, la valuación de House of Fun se había elevado hasta los US$900 millones. A principios de 2017, Levy se despidió para siempre del proyecto que había ayudado a crear.

Barajar y dar de nuevo

Levy se alió de nuevo a Regev y sumó a su abogado porteño, Ezequiel Segal, para lanzar otro emprendimiento de juegos en línea: Fire Rooster, o gallo de fuego, bautizada por el símbolo del horóscopo chino correspondiente al año de su fundación, 2017. El nombre parece un guiño al mercado asiático, que concentra el 47% de los ingresos de la industria de videojuegos, equivalente a US$51.200 millones.

En esta oportunidad, la empresa compró Chezz y Laps, dos juegos desarrollados por el desaparecido estudio canadiense QuickByte Games, que buscan potenciar con los sistemas de analítica en tiempo real propios de Fire Rooster. “Empezamos con un equipo chico de cinco personas. Nos tomó un año crear la tecnología”, afirma Levy, que junto a Regev y Segal están buscando asegurar una inversión de entre US$5 y US$10 millones para expandir sus operaciones.

“Es una ampliación de capital. Queremos un tipo de inversor que nos entienda para que nos acompañe, estamos detrás del smart money“, asegura Segal. En los escasos meses que transcurrieron desde su lanzamiento, Fire Rooster ya acumuló 100.000 usuarios activos y duplicó su equipo original hasta los diez empleados, cifra que podría seguir creciendo en el corto plazo. ” La industria argentina del videojuego es excelente-reflexiona Levy-. No hay tantas empresas, pero tenés mucha gente capacitada y un muy buen talento.”

La Nación

Por Andres Krom

Sin comentarios

Deje una respuesta