¿Qué hubiese sido de la España que conquistó América de no haber expulsado a los judíos? La pregunta da para novela distópica pero tiene una base innegable: la comunidad judía de la Baja Edad Media era el pulmón intelectual del reino y entre sus integrantes se contaban médicos, matemáticos y contables. Mientras los niños judíos aprendían a leer en casa, entre los cristianos, en general, apenas si sabía leer la alta nobleza. Y no todos. Para aprender, había que franquear las puertas del monasterio. El legado que los sefarditas, aquellos judíos que fueron expulsados por los Reyes Católicos, es lo que trata de rescatar la iniciativa Red de Juderías Española.

Su presidente, Koldo Leoz, nos explica en qué consiste esta amabilidad para con la historia. “La red nació por el interés de querer preservar y divulgar su legado sefardí. Varias ciudades de todo el país –actualmente son 18– nos unimos con ese objetivo común. Así, hemos impulsado el proyecto ‘Descubridores de Sefarad’: tiene similitud con la compostelana del Camino de Santiago. Vas parando en las localidades dentro de la red y a medida que completas el pasaporte consigues regalos, desde un diario de viaje a una llave que es todo un símbolo: muchas familias judías se llevaron la llave de sus casas al ser expulsados porque tenían la esperanza de regresar”. Ávila, Barcelona, Cáceres, Calahorra, Córdoba, Estella-Lizarra, Hervás, Jaén, León, Lucena, Monforte de Lemos, Palma de Mallorca, Plasencia, Ribadavia, Segovia, Tarazona, Toledo y Tudela llevan años invirtiendo recursos en la rehabilitación de casas, calles, palacios y cuantos edificios se puedan salvar del olvido.

Sefarad, nombre que la comunidad judía daba a España, parece haber sido borrada de la historia. El común de ciudadanos conoce calles y callejones pero el legado sefardí abarca cementerios, palacios, sinagogas, arte… Pero hay mucho más: “En mi propia ciudad, Estella/Lizarra, lo he comprobado: los vecinos desconocen la herencia de la comunidad judía medieval, que fue muy potente. Es una historia que ha permanecido oculta, sobre todo por temas religiosos; donde había una sinagoga se solía construir encima una iglesia católica. Pero antes de su expulsión convivían, con mejor o peor ambiente”.

Los descendientes de aquellos sefardíes están repartidos por todo el mundo y la mayoría de ellos conservan el idioma castellano como un tesoro familiar. “Las principales comunidades están en EEUU, particularmente alrededor de Seattle, pero también en México, Argentina, Brasil… Hace unos meses asistimos en México a una cumbre con miembros de otras comunidades y se encoge el corazón al comprobar cómo tras 500 años aún conservan el idioma y un sentimiento hacia una tierra perdida de la que hablan sin rencor. Te encuentras hablando en tu idioma a judíos en Turquía, en Grecia… En aquella cumbre mantuve una conversación en español con una chica norteamericana, judía y de Seattle”.

Fuente: La Vanguardia -Andrés Guerra

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