El 1º de abril de 1925, siete años después de la colocación de las piedras fundamentales, tuvo lugar la histórica ceremonia inaugural de la Universidad Hebrea de Jerusalem, en un anfiteatro construido especialmente para la ocasión, el actual Anfiteatro Rothberg.

Allí se reunieron personalidades de la política y de la cultura, encabezados por el ex Primer Ministro inglés Lord Arthur Balfour, acompañado entre otros por el Alto Comisionado inglés Sir Herbert Samuel, por el General Allenby, por el Dr. Jaim Weizmann, por los poetas Jaim Najman Bialik y Saúl Chernijovsky, por el ideólogo sionista Ajad Haam y por el Gran Rabino Abraham Kook, por nombres ilustres como Sigmund Freud, Jaim Najman Bialik y Martin Buber, así como representantes de las comunidades judías de la diáspora y de otras universidades.

Esa ceremonia inaugural fue vivida por la mayor parte del pueblo judío como una especie de ensayo general para la futura proclamación del Hogar Nacional del Pueblo Judío, prometido por la Declaración Balfour, en 1917, y del Estado Judío proyectado por Herzl, en 1897.

La idea rectora de la futura Universidad consistía en plantear los estudios en dos facultades principales, una centrada en la tradición hebrea, y la otra con el acento puesto en la investigación de las ciencias naturales y medicinales.

Durante el discurso inaugural, ya se fijaban los objetivos de la futura Universidad Hebrea:
“Dentro del campo de Universidad Escuela cesarán los conflictos y las divisiones políticas. Confío en que todos los credos y razas se unan en el gran objetivo común que es la búsqueda de la verdad, promoviendo la paz y el entendimiento entre los pueblos”.

Estas palabras fueron pronunciadas por el Dr. Jaim Weizmann, quien fuera su Presidente hasta 1948, momento en que pasaría a ser el primer Presidente del Estado de Israel.

Al respecto, Sigmund Freud expresó:
“Una universidad es un lugar en el que se enseña la ciencia por encima de todas las diferencias religiosas y nacionales; don­de se realizan investigaciones, donde se intenta mostrar a los hombres hasta qué límite com­prenden el mundo que los ro­dea y hasta qué punto pueden someterlo a su acción”.

Albert Einstein, que se encontraba en ese momento en su histórica visita a la Argentina, escribió:
“Desearía expresar la esperanza que los maestros y estudiantes de la nueva Universidad Hebrea siempre preserven la conciencia, que sirven mejor a su pueblo cuando conservan los lazos con la humanidad y con los más altos valores humanos…
Con el tiempo esta Institución demostrará con mayor claridad los logros de lo que es capaz el espíritu judío… Le cabe a la Universidad Hebrea crear algo único para satisfacer las formas de vida creadas por nuestro pueblo en Palestina”.

Fuente: Amigos de la Universidad Hebrea de Jerusalem

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