Ayer falleció en Danbury, Connecticut, el cineasta Milos Forman.. A temprana edad, quedó huérfano, después de que su madre muriera en el campo de concentración de Auschwitz y su padre en Buchenwald, donde fue arrestado por distribuir libros prohibidos por el nazismo. Durante la Segunda Guerra Mundial, Forman vivió con parientes y luego descubrió que su padre biológico era un arquitecto judío. Después de la guerra, acudió a la escuela pública Krále Jiřího en la ciudad de Podebrady, donde sus compañeros de estudios fueron Václav Havel y los hermanos Mašín. Posteriormente, estudió dirección cinematográfica en la Escuela de Cine de Praga, donde uno de sus maestros fue Otakar Vávra.

Se fue “rodeado de su familia y amigos más cercanos”, explicó su viuda. Forman tenía 86 años. Había nacido en Cáslav (actual República Checa), pero su destino estaba en los Estados Unidos, donde hizo una carrera en cine y la ópera (director, guionista, reggiseur) y cosechó premios Oscar por las películas One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Atrapados sin salida, 1975) y Amadeus (1984).

Había dejado su Checoslovaquia natal en 1968, tras la ocupación rusa. Prefirió instalarse en un país libre, aunque quizás no fuera en el que mayor empatía podía generar, por la estética cinematográfica de sus producciones. Fue una rareza para el mercado, con un toque personal -el de un director de cine europeo- y, a la vez, la capacidad de llegar al gran público contando historias de personajes rebeldes. La prueba está en títulos como El escándalo de Larry Flynt y, justamente, las ganadoras de premios Oscar, Amadeus Atrapados sin salida. Su trabajo tuvo un lugar muy bien ganado en Hollywood.

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