Más allá del pálpito emocional, Auschwitz es, también, una universidad entera donde se aprenden lecciones que jamás debemos olvidar. Y la más fundamental, la que nos definirá como seres decentes, es que nunca se debe usar el nombre de Auschwitz en vano. Si la negación de este horror que asesinó industrialmente a millones de personas y que intentó acabar para siempre con toda la vida judía europea es una maldad intrínseca, su banalización es igualmente perversa. Usar el nazismo para desacreditar otra causa o posición no sólo denota una pobreza ­intelectual supina y una bajeza moral indiscutible. También representa una falta de respeto deleznable hacia millones de víctimas.

Pero pasa mucho y en todas las familias ideológicas, como si fuera un mantra de la indecencia. Y por poner ejemplos, me remito a mi propia experiencia de estos días, tan abundante en la cosa, que ella sola llenaría una enciclopedia. Ha sido poner imágenes de la marcha por la vida y explicar mi experiencia en Auschwitz, y al momento mis redes sociales se han llenado de dos tipos de ataques: uno por el lado del conflicto Catalunya-Espanya, y el otro por el lado del conflicto Israel-Palestina. No repetiré aquí las barbaridades que me han enviado ambos lados del fanatismo, pero la música era la misma, aunque las ideologías fueran dispares y las causas distantes. Lo curioso es que, por lo percibido, la derecha más anticatalana y la izquierda más propalestina, incluso independentista, se han encontrado en el mismo territorio de la banalización, con igual falta de pudor. En el caso de lo catalán, al lado de imágenes del camino a Birkenau o de cámaras de gas, he tenido respuestas que aseguraban que en Catalunya hacíamos lo mismo con los no independentistas, que nuestra tierra se había convertido en un cortijo de nazis y que militábamos en un supremacismo violento comparable a las SS.

Pongo mi palabra que estos han sido los argumentos de muchos tuits, que han reaccionado inmediatamente a mis mensajes sobre el Holocausto con esta indigna comparativa. Sin ningún apuro por la banalización tan cruel y malvada que estaban perpetrando. ¡Qué repugnante que, para defender su concepto de España, necesiten despreciar brutalmente a millones de víc­timas!

Y en el lado de la izquierda, el mismo efecto Pavlov: “Ahora el nazismo lo hacen los judíos”, “holocausto palestino”, SS sobre estrellas de David, etcétera… Es decir, lejos de tratar este conflicto complejo con el mínimo rigor argumental, una cantidad ingente de teó­ricos defensores de la causa palestina usan el Holocausto como si fueran ­militantes de la extrema derecha: cual vulgares banalizadores fascistas, sin ningún apuro por la maldad que re­presenta.

Ni unos, ni otros, todos igual de malvados. Auschwitz no es un comodín para usar en cualquier charada y cualquier banalización representa un escupitajo a la memoria. ¡Basta ya!

Fuente: La Vanguardia

1 Comentario

  1. ESO,USAR AUSCHWITZ PARA SUS FINES ES ANTISEMETISMO PURO O TAL VEZ IGNORANCIA TOTAL DE LO QUE FUE EL HOLOCAUSTO.CADAS JUDIO QUE OYE EL MAL USO DEL NOMBRE DEL CAMPO DE GENOCIDAS SIENTE EN SU CORAZON UNA TRISTEZA TERRIBLE ,NOS DAMOS CUENTA DE QUE SIGUEN CREYENDONOS CULPABLES DE ALGO QUE NO COMETIMOS.

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