La victoria de Netta Barzilai en el festival Eurovisión 2018 fue considerada por el premier israelí Benjamin Netanyahu una “bendición sobre Jerusalén” (con este resultado, además, el certamen va a ser organizado el año próximo en esa ciudad). Y en las calles, se celebró como una victoria mundialista. El contexto es especial: los festejos por los 70 años del Estado de Israel –según el calendario gregoriano– coinciden con la  mudanza de la embajada de Estados Unidos a Jerusalén.

Los carteles que agradecían a Trump por “hacer grande a Israel” –parafraseando a Make America Great Again– junto a la presencia de la hija y el yerno del presidente norteamericano dejaron en claro la cercanía entre los gobiernos de Donald Trump y Netanyahu en medio de la escalada entre Tel Aviv y Teherán en el escenario de guerra sirio. Frente a las críticas por sus posiciones crecientemente derechistas, Israel desarrolló un poderoso soft power que abarca a dos grupos opuestos: la población LGBTI (Lesbianas, Gay, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales)  y los evangélicos. Sobre cómo la política gay friendly del gobierno israelí –particularmente del ejército– sirvió para un cambio de imagen y una “puesta en valor” de la marca Israel, resulta particularmente revelador el libro del periodista y activista gay judío Jean Stern, Mirage gay à Tel Aviv [Espejismo gay en Tel Aviv]. Se trata de un caso muy exitoso de pinkwashing que contribuye a potenciar la imagen de democracia, progreso y modernidad que Israel busca proyectar frente al atraso de sus vecinos árabes. E incluso sirve para mostrarse como una de las fuerzas armadas más inclusivas del mundo hacia las minorías sexuales.

Todo esto generó un éxito del turismo gay a Tel Aviv –con su imagen de sea, sex and fun– al tiempo que –escribe Stern– las viejas rutas sexuales en busca de “orientalismo” otrora dirigidas hacia Marruecos y otros destinos árabes, hoy más riesgosos por el auge islamista, se redirigieron hacia Tel Aviv. Pero lo que muestra Stern es que este “espejismo” fue producto de una política de Estado –tanto del nacional como del local de Tel Aviv– con mucho dinero puesto en marketing (en ocasión de Eurovisión también fue explotada esta faceta gay friendly de Israel, incluso en la red Grindr) y en viajes de diversos referentes LGBTI invitados para diversos eventos. Es el temor a la amenaza islamica  que acercó a parte de la población gay europea a la extrema derecha, como el Frente Nacional en Francia, Alternativa para Alemania, que a su vez se volvieron más abiertas a la diversidad sexual. Y es la lucha contra el islam lo que termina construyendo puentes entre Le Pen y Netanyahu… pero como vimos, también con Putin. “Rusia e Israel tienen el mismo enemigo; el terrorismo islámico, sin peros ni condicionantes” dijo el comentarista progubernamental ruso Nikolay Pakhómov.

Pero, al mismo tiempo, la marca Israel resulta muy atractiva en el mundo evangélico –en expansión en América Latina– que ve en el Israel actual a el Israel bíblico, lo que termina construyendo puentes a priori impensados entre grupos militantes contra la denominada “ideología de género” y el país que hace de la apertura gay-friendly su marca de fábrica (aunque por supuesto, lo que ocurre en las playas y los bulevares de Tel Aviv, vidriera  del Israel “moderna” hacia el mundo,  es anatemizado en muchos barrios de Jerusalén y otras ciudades donde domina une población religiosa conservadora y ultraconservadora en auge). El propio Netanyahu lo dijo en EEUU en 2017 frente a la Christians United: “Los cristianos evangélicos son los mejores amigos de Israel”. Y es común ver pastores evangélicos latinoamericanos con banderas de Israel. “Es una lucha de civilizaciones. Es una lucha de sociedades libres contra las fuerzas del Islam militante”, dijo Netanyahu. “Quieren conquistar Oriente Medio, quieren destruir el Estado de Israel, y luego quieren conquistar el mundo”. Son estas vías del evangelismo popular las que explican el éxito de la curiosa canción “En tus tierras bailaré (Israel)”, protagonizada –“juntas por primera vez”– por figuras de la cumbia “chicha” como la Tigresa del Oriente, Delfín Quihspe y Wendy Sulca. Y son numerosas las agencias de viajes que hace turismo evangélico a Israel, en el que se mezcla la Tierra santa con el actual Estado.

 

Fuente; La Vanguardia/Vis a Vis

 

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