Los chantajistas, sean estos personas, organizaciones e incluso países, actúan en base al miedo que generan en su víctima e instalan en la vida una sensación de temor constante.

Así muchas personas, que sufren acosos o son intimidados con fotos o secretos develados, claudican y se someten a sus extorsionadores abonando el precio solicitado.

Esto dura poco porque el chantajista sabe que su víctima cederá una y mil veces.

La selección argentina de fútbol ha cedido al chantaje terrorista y antisemita porque cuando esos grupos son abiertamente judeófobos todo se mezcla y todo termina teniendo que ver con todo.

Resulta extraño ver cómo de repente, y cuando nunca le importa a nadie, el monto que cobra la selección se convierte en un tema central al igual que la ciudad donde se juega el partido.

¿Acaso alguien sabe cuánto cobró la Argentina por jugar ante Italia y España hace un par de meses?

¿Es posible que alguien recuerde en qué ciudad jugaron esos partidos o cómo se llaman los estadios?

Estoy seguro que en ambos casos la respuesta es no y que en esta oportunidad cobra valor porque el rival es Israel, porque el partido se hubiera jugado en Jerusalén, su ciudad capital, y porque el estadio pertenece al Beitar Trump Jerusalén.

Tampoco me imagino a Hugo Moyano, suegro de Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA, preocupado cuando la Argentina jugaba contra Nigeria, donde los terroristas de Boko Aram matan a miles personas, o contra Venezuela donde cientos de disidentes están encarcelados, pero para este partido le pareció bien la suspensión, ya que el partido se jugaría en un lugar donde se mata mucha gente.

¿Sabe Hugo Moyano dónde queda Israel? ¿Sabe el jefe de los sindicalistas cuánta gente murió en Israel los últimos meses o los últimos años? ¿Sabe que en Gaza no existen los sindicalistas?

En toda esta historia, aunque pocos se animen a decirlo, anidan la judeofobia y el miedo promovidos por los nazis de hoy: Hamás, Irán, Hezbollah y los fundamentalistas islámicos.

La Argentina a través de la AFA se convirtió en la Gran Bretaña de Chamberlain que pagando el precio de la extorsión pretende que ha comprado tranquilidad y no agresión. Se confunden. Se confunden como se confundió Chamberlain porque el chantajista es un animal de un apetito insaciable, nada le alcanza cuando huele el miedo de la víctima, y un día caen las bombas y nadie sabe por qué.

El deporte, y mucho menos un partido de fútbol, son tan siquiera comparables con una guerra y más allá de la tristeza y la frustración, en Israel seguirán viviendo, creciendo y desarrollándose incansablemente.

Los enviados a ayudar en Guatemala lo seguirán haciendo, mi amigo el doctor Alejandro Roisentul, judío y argentino que vive en Israel hace muchísimos años, seguirá operando niños sirios heridos en la guerra civil entre ellos mismos en el hospital de Safed, y Karin, la oficial pelirroja del ejército de Israel que se destacó rescatando víctimas en México hace casi nueve meses, tendrá su bebé engendrado casi al mismo tiempo.

La vida y la muerte estuvieron juntas en la montaña de escombros del DF… Y como casi siempre pasa en Israel, ganó la vida.

Nadie en la nación judía va incendiar banderas argentinas ni las mancharán con sangre. Mucho menos amenazarán a algún jugador. Sólo se decepcionarán un poco y lamentarán no poder expresarles a los jugadores del seleccionado su cariño y sus ganas de que salgan campeones del mundo.

Es una lástima, pero no porque se haya suspendido el partido. Es una lástima porque la Argentina, una vez más, ha quedado como rehén del terrorismo y de la judeofobia. y sobreponerse no será tan fácil.

Sergio Pikholtz

Presidente de la Organización Sionista Argentina

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