En este momento cuando en la Argentina se debate la despenalización del aborto, se nos ocurre una reflexión relativa a los niños, su nacimiento, su infancia, adolescencia, crecimiento y el legado recibido por quienes son sus padres biólógicos y su entorno. Los niños no son responsables de sus acciones, hasta que tienen conciencia de sus actos. Mientras tanto actúan por obediencia o imposición segun donde sea su origen. Ellos no tienen la culpa.
Cuando nacen, en cualquier parte del planeta, son inocentes, igual que los niños palestinos y los israelíes. Como todos los niños del mundo, es su entorno el que lo va formando. Y de acuerdo a ese entorno es como crecen. Su infancia, su adolescencia, su juventud.
En Gaza se nace y se sienten oprimidon; y lo están, pero no precisamente por quienes profesa su odio, son oprimidos por sus propios adultos que los hacen crecer inmersos en el odio al judío, no tienen escapatoria. Oprimidos por un gobierno que los obliga a no tener infancia. Y nacen con armas que no son de juguetes, con cuchillos en sus manos que no son para cortar la comida y cometas incendiarias, que no son precisamente barriletes.  En ese impulso que levanta vuelo, va el odio de toda una vida.
En Israel se nace y se sienten libres. Pese a estar rodeado de odio, con la amenaza latente con los países vecinos que lo rodean y con arabes compartiendo colegios y trabajos; la libertad y el respeto por el otro es materia escencial en su infancia. No tienen escapatoria. Por eso y las armas son de juguete, los cuchillos son para cortar la comida para comer y las cometas, no son incendiarias; son los otros barriletes; los que se crearon solo para divertirse y en ese impulso que levanta vuelo, va la libertad, la de toda una vida.

Ni unos ni otros son responsables.

Gustavo Szpigiel

@GusSzpigiel

Foto gentileza FDI

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