En 2015, un yihadista mató a un Bitajón (guardia judío), Dan Uzan, en las afueras de la sinagoga principal de Copenhague, donde Hannah Bentow estaba celebrando su fiesta de Bat Mitzvah.

“Mi sentido de seguridad como judía en Dinamarca quedó destrozado”, le dijo a JTA. Bentow y docenas de adolescentes se quedaron dentro del templo durante horas mientras la policía perseguía al yihadista, que luego fue abatido.

Pero Bentow dijo que tenía decidido irse a Israel tan pronto como terminara la escuela secundaria y lo reafirmaron los pasos precedentes que se establecieron este año en Dinamarca, donde quieren prohibir la circuncisión. El parlamento danés se convertirá en el primero de la Unión Europea en votar una moción no vinculante para prohibir la práctica.

Los partidos gobernantes dijeron que se opondrían a una prohibición o una convocatoria, pero el debate al respecto “me hace sentir que no pertenezco, como tampoco Dinamarca quiere que yo pertenezca”, dijo Bentow.

Sus palabras se hacen eco de un sentimiento compartido por muchas familias judías danesas, que cuestionan su futuro en una nación donde cada vez se sienten más atrapados entre el extremismo islamista y la xenofobia que desencadena en su sociedad secular.

El proyecto presentado sobre la circuncisión, que está pendiente de votación en el parlamento, cita solo preocupaciones sobre el bienestar infantil: “La introducción de una edad mínima de 18 años para la circuncisión pone los intereses y derechos de los niños a la vanguardia”.

A su vez, exige una pena de prisión de hasta seis años para cualquiera que realice una circuncisión y responsabiliza a los padres y tutores tanto si el acto ocurrió en Dinamarca como si no.

Más de 50.000 personas firmaron una petición en el sitio web del parlamento danés que respalda ese texto, que equipara la circuncisión no médica de niños con la mutilación genital femenina.

Para muchos judíos daneses, los argumentos sobre el bienestar infantil esconden la verdadera motivación detrás de la prohibición: la xenofobia.

“Muchos otros usan la situación para mostrar que están en contra de los judíos, los musulmanes y pueden expresar antisemitismo y xenofobia sin admitirlo”, aseveró Finn Rudaizky, ex líder de la comunidad judía de Dinamarca.

“El debate sobre la circuncisión en Dinamarca es definitivamente parte de un panorama más amplio en el que la xenofobia juega un papel”, expresó Hagai Ben-Avraham, un académico israelí que está casado con una mujer danesa cristiana y vive en Copenhague hace seis años.

En la circuncisión del año pasado de su primer hijo, Yoav, Munch dijo que ella y su esposo solo invitaron a familiares cercanos porque “no se sentían cómodos” al invitar a no judíos a una ceremonia que a menudo se caracteriza en los medios como abuso infantil.

Luego, Munch agregó: “Este es un país tolerante, por eso no entiendo por qué tanta gente aquí quiere prohibir la circuncisión”.

Copenhagen 4

Mette Bentow, la madre de Hannah, concluyó: “Amo Dinamarca, amo nuestra casa, se me pone la piel de gallina en las fiestas nacionales, pero últimamente, cuanto más vivo aquí, más me da la sensación de que este podría ser el lugar equivocado para criar a una familia judía”.

 

Vía JTA

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