Adolfo Luis Rubinstein es un médico y político argentino, actual Ministro de Salud de la República Argentina; Cuando su padre le prometió su abuelo que su primer hijo se llamaría Adolfo, Hitler no figuraba en los cálculos de la historia. Fiel a su compromiso con el famoso concejal socialista que era su papá, bautizó al actual ministro de Salud argentino como Adolfo Rubinstein, una pesada carga para un bebé judío e hijo de la posguerra. Por eso todos lo llaman Dolfi. Quedará en la historia argentina como el ministro de Salud que consiguió que se tratara en la Cámara de Diputados el proyecto de interrupción involuntaria del embarazo

Académico de una familia socialista,el doctor Rubinstein (60) se formó en la escuela pública y egresó con honores de la Universidad de Buenos Aires para estudiar salud pública y clínica epidemiológica en Harvard University .

Luego se graduó en Economía de la Salud Internacional en la Universidad británica de York en el 2002. Hizo su residencia en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde creó el Servicio de Medicina Familiar Comunitaria. Un proyecto vanguardista que lideró durante 20 años. Es profesor titular de Medicina Familiar y de Salud Pública en la Facultad de Medicina de UBA y con licencia actual, investigador del Conicet, al que llegó por concurso. Al menos 100 trabajos científicos revelan su investigación en epidemiología y prevención y política de servicios públicos.

Como ministro de Salud ha sido un activista pro despenalización del aborto. En el debate encontró un argumento contundente, que va más allá de las creencias: es un problema de salud pública, su especialidad .

No va a dar su opinión personal sobre el aborto. “No importa lo que yo piense”, afirma. “Soy el ministro de Salud y mi deber es promover ahora este debate, señalar la magnitud del problema y dar información confiable”.

Celebró sus 60 años en París,  desde donde le realizó al diario Clarín de la Argentina algunas declaraciones referidas al debate, como por ejemplo que “No soy yo quien logró instalar este debate de la interrupción voluntaria del embarazo. Mi contribución fundamental fue dar la perspectiva de la salud pública a este debate, que no es menor. Porque más allá de que fue un tema escondido debajo de la alfombra muchísimas décadas, siempre fue una discusión que se daba entre las convicciones, las creencias, y los derechos. Pero en realidad nunca se bajó a la tierra el problema más concreto: lo que pasaba con las consecuencias del aborto clandestino. Tengo que reconocer que tuvo mucho que ver con el Presidente y el Gobierno. Por primera vez en la historia, habilitaron la discusión pública de este debate, que obviamente estaba enterrado en la agenda social”.

Papá de mellizos, fanático de River y “gallina desde la cuna”, sus dos hijos universitarios lo acompañan a su platea los domingos, cuando juega de local. Uno se va a Australia en un “gap year”, el otro es abogado y le interesa el derecho público.

Rubinstein llegó al radicalismo como socialdemócrata, al final de la dictadura, junto a su padre, y conoció a Raúl Alfonsín. Así se creó la Corriente Radical Socialista, con el puño y la rosa como símbolo. La UCR adhirió a la IS. “Fue una experiencia que no anduvo y creé la Juventud Radical Socialista, que tampoco anduvo demasiado. Esa es mi única experiencia pero nunca milité políticamente. Aunque soy afiliado radical para votar a Alfonsín en el 82”, cuenta.

“Yo era el médico de cabecera de Jesús Rodríguez. Nos hicimos amigos y cuando dejé la práctica, seguimos en contacto. A través de él conocí a Ernesto Sanz. Se dio una relación cercana y me convertí en el referente de salud de Ernesto”, relató. A través de Sanz en el 2016 se volcó a la gestión pública, como secretario de Salud.

 

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