El 1 de Julio de 1974 falleció el Presidente de los argentinos Juan Domingo Perón. Mucho se ha escrito sobre su relación con los judíos. Vis a Vis ofrece dos visiones distintas sobre una personalidades que marcaron la historia argentina.

“La prohibición de desembarco de inmigrantes judíos en 1947” y  “Perón no era nazi, catapultó a los judíos a la vida pública”

“Política inmigratoria de Perón, La prohibición de desembarco de inmigrantes judíos en 1947”

Al término de la Segunda Guerra mundial fue elegido como presidente de Argentina Juan Domingo Perón. Después de su triunfo se esforzó por demostrar que muchos judíos estaban en lo cierto cuando proclamaba su política antinazi.

Pese a todo, no respondió afirmativamente al ruego para la destitución del director de Inmigraciones, el comisario Santiago Peralta, abiertamente hostil hacia los judíos. Y la razón estaba, al parecer, en la política inmigratoria general que Perón había trazado. En un discurso ante dirigentes sindicales unos días antes de asumir el cargo presidencial, anunció su intención de llevar a la Argentina en poco tiempo, a dos o tres millones de inmigrantes. La prensa judía se alegró ante este anuncio, pero pocos días más tarde, en su discurso ante el Congreso, aclaró que el objetivo era “encauzar la inmigración, intensificándola lo más posible con elementos sanos y afines a nuestra cultura y a las bases de nuestra estructura social”.

Perón no tenía aparentemente la intención de discriminar a los inmigrantes no deseados, sino sólo “preferir a los deseables”, incluyendo entre éstos a los que tenían oficios industriales urbanos. Esta política fue aceptada por partidarios y opositores. Ante la continuidad de Peralta en sus funciones, la situación de la inmigración judía se dificultó todavía más.

El 27 de marzo de 1947 y el 1º de abril, el presidente de la D.A.I.A. se dirigió al Presidente pidiendo que autorizara la residencia temporal de 12 inmigrantes judíos con visados a Paraguay, ya que los políticos en aquel país impedían momentáneamente su ingreso. Aunque tenían visado de tránsito, la Dirección de Inmigraciones les impidió el desembarco de los barcos en los que habían llegado ordenando su regreso a Europa. Igual destino vivieron los quienes llegaron dos meses más tarde. Cabe destacar que en el mismo período cientos de inmigrantes ucranianos y otros de origen alemán que vinieron en los mismos barcos que los judíos, desembarcaron sin ninguna dificultad. Una delegación de SOPROTIMIS acompañada por representantes de HIAS de Estados Unidos, insistió ante Peralta que les autorizara a permanecer en el Hotel de Inmigrantes bajo la supervisión de las autoridades y garantía personal de SOPROTIMIS y no a bordo de las naves. Peralta consintió por temor a que el asunto llegara a la opinión pública de Estados Unidos. También prometió facilitar la extensión de visados de tránsito por la Argentina para los judíos, pero esta promesa nunca se cumplió. Inmediatamente una delegación del HIAS – una organización no gubernamental norteamericana cuyos antecedentes pueden encontrarse ya en la década de 1880, época en la que se forman varias organizaciones de asistencia a judíos que inmigraban a Estados Unidos y luego buscando producir reencuentros entre familiares dispersos en el mundo luego de la Shoah – acompañados por miembros de SOPROTIMIS se presentó en la cancillería elevando su queja por la hostilidad estatal contra los judíos. La protesta llegó a Perón, quien dispuso la destitución de Peralta. Por entonces ya había sido emitido un nuevo decreto general relativo a la inmigración, que en apariencia anunciaba un cambio fundamental en las posibilidades que se ofrecían a los judíos de la Argentina de reunirse con sus familiares sobrevivientes de la Shoah. Toda la comunidad expresaba su esperanza que el cambio se aplicara también a la inmigración judía.
El 26 de septiembre SOPROTIMIS presentó junto con la D.A.I.A una petición de que se confirmara su condición de organización judía central facultada para gestionar los permisos de entrada. En su solicitud la sociedad se comprometía a correr con los gastos implicados en el traslado de los inmigrantes y su manutención hasta su establecimiento definitivo, orientándolos hacia las localidades del interior. Pero esta solicitud fue rechazada por la “Comisión de recepción y Encauzamiento del Inmigrante” alegando que “(esta Comisión) sólo concede la referida autorización a empresas argentinas de navegación con flota propia que enarbolan el pabellón nacional”

 

Perón no era nazi, catapultó a los judíos a la vida pública

Derribar mitos es una de las tareas más codiciadas de los historiadores. Ante una afirmación repetida hasta el hartazgo, un documento que pruebe lo contrario suele funcionar como antídoto. Y si de peronismo se trata, hay una lista interminable de ideas que se han implantado en el ideario colectivo que demandan una revisión. Raanan Rein, vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv, visitó Buenos Aires para contarle a los argentinos que hay una idea insostenible: que Perón tenía simpatías con el nazismo y antipatías con el judaísmo. Y ofrece pruebas contundentes.
Los muchachos peronistas judíos (Sudamericana) es una investigaciónsobre los argentinos judíos y el apoyo al Justicialismo. Para indagar en esta relación entre peronismo y judaísmo, el autor primero repasa las razones por las cuales se erigió este mito de un Perón antisemita: “La neutralidad de la Argentina durante la Segunda Guerra Mundial, la entrada de criminales de guerra como Eichmann al país y ciertos apoyos de extrema derecha durante la campaña de Perón cristalizaron esta imagen”, detalla el historiador.
Pero inmediatamente aclara que “todas estas cuestiones pueden explicarse en su contexto histórico”, para concluir que las dos primeras presidencias de Perón fueron las que mejores vínculos diplomáticos tuvieron con el Estado de Israel en la historia argentina.
Rein, profesor y también doctor en Historia en la Universidad de Tel Aviv, estudia al peronismo desde hace muchos años. Con un español fluido aunque acentuado con notas hebraicas, se muestra apasionado por su objeto de estudio, y enmarca esa fijación que tienen varios historiadores de todo el mundo por Perón: “En la historiografía escrita en América Latina fuera del continente son tres los temas que atraen la atención: la revolución mexicana, la revolución cubana y el peronismo”. Publicó más de una decena de libros sobre la Argentina, el peronismo y el judaísmo.
Los muchachos peronistas judíos se convertirá, incluso, en un documental que lo mantiene ocupado reuniéndose con diversas instituciones judías en el país. Aquí, en diálogo con Clarín, un adelanto exclusivo de los temas más polémicos que trata el libro que saldrá a la venta en el país el próximo lunes.

– En la introducción del libro enumera una serie de “parentescos amigables” entre el peronismo y la comunidad judía. Pero despues dice que “la dirigencia de las instituciones judías comunitarias, una y otra vez, ha hecho un esfuerzo sistemático por borrar un fenómeno que no le parecía conveniente”. ¿Cómo sería esto?
– Efectivamente: la dirigencia comunitaria, una vez que cae Perón, hizo un esfuerzo sistemático por borrar de la memoria colectiva este apoyo por parte de distintos individuos judíos y grupos judíos al primer peronismo. En parte fue un reflejo de la política de las nuevas autoridades nacionales, la Revolución Libertadora, para desperonizar la sociedad. Sin embargo, el éxito logrado por los dirigentes comunitarios judíos ha sido mayor que el éxito de las autoridades nacionales, y de hecho la mayoría de los argentinos judíos (y no sólamente ellos) siguen hoy con la idea de que la comunidad judía -como si se tratara de un todo homogéneo- era en su vasta mayoría hostil al peronismo. Están convencidos de eso. Y yo creo que fue un mito. Es una imagen falsa y distorsionada. Y para desafiar este mito hice un “borrón y cuenta nueva”, y volví a las fuentes, que es lo que un historiador tiene que hacer.
– “Las elites argentinas no se caracterizaron por su apertura a la comunidad judía”, dice en el libro. ¿Por qué?
– Las elites argentinas tenían una actitud muy ambigua y hasta contradictoria respecto de los inmigrantes, especialmente los inmigrantes no católicos y no europeos. Entonces era bastante difícil para los argentinos judíos, los árabes, los japoneses, integrarse en distintos ámbitos de la sociedad argentina. El caso del primer peronismo, lo que vemos es que este énfasis sobre el crisol de razas, según el cual los inmigrantes tenían que dejar de lado todos los rasgos étnicos y todos sus legados, sus idiomas, para convertirse en argentinos. Perón, que rechazó muchas ideas liberales, no puso énfasis en los derechos individuales pero sí en los derechos de grupo. Entonces legitimó los distintos grupos de inmigrantes con su esfuerzo de mantener algún componente identitario étnico a la par de la argentinidad. En ningún momento Perón vio una contradicción entre su condición de argentinos y su identida como árabes, japoneses, judíos. Al contrario, Perón intentó instrumentalizar o aprovechar los lazos de estos grupos de inmigrantes con sus madres patria. Yo argumento en este libro que Perón le abrió las puertas a la argentina multicultural de hoy en día, a diferencia de la extrema derecha. El Perón de los años 40 y 50 no habló en términos de una doble lealtad o una contradicción. Es más, en un discurso dice que un buen judío en Argentina debe apoyar al sionismo y al Estado de Israel.
– Entonces, ¿cuándo aparece esta idea de Perón antisemita?
– Antes de la llegada de Perón al poder. Ya durante la campaña electoral de fines del 45 y principios del 46 se estaba cristalizando esta imagen.
– ¿Cuál fue la postura de Perón frente a la creación del Estado de Israel?
– La Argentina se abstuvo en la votación de noviembre de 1947. Sin embargo, una vez que se establece el Estado de Israel, Argentina es el primer país latinoamericano en establecer una embajada en Israel. Manda el primer embajador judío en Argentina a Tel Aviv, que es Pablo Manguel -dirigente de la OIA- y cultiva lazos muy estrechos y muy importantes para el país recién establecido. Además, la fundación Eva Perón manda frazadas y medicamentos a los nuevos campamentos de inmigrantes en Israel. Fue una de las mejores décadas de relaciones bilaterales y una de las décadas con menos incidentes antisemitas en toda la historia Argentina.
– El libro maneja una hipótesis muy fuerte: que el peronismo lanzó a la comunidad judía a la esfera pública argentina ¿En qué basa esto?
– Te puedo contestar primero con un par de ejemplos. Dedico mucha atención a los intelectuales judíos que apoyaban al peronismo y a la figura de César Tiempo, uno de los intelectuales judíos más importantes en este país en el siglo pasado. Cuando él acepta el cargo de director del suplemento cultural del diario La Prensa, expropiado por el gobierno peronista, durante dos o tres años publica allí a más autores judíos que el diario La Nación en 50 años. Es decir, con el peronismo se abren nuevas oportunidades para los judíos en este país, lo cual es otra prueba de que Perón no era nazi, sino que más bien catapultó a los judíos a la vida pública Argentina. No es lo mismo decir esto que insinuar que estaban excluidos en la argentina pre-peronista, pero el acceso que tienen a distintos cargos y entidades estatales, representa no solamente un cambio cuantitativo, sino también cualitativo.
– ¿Es un libro incómodo para el peronismo, el judaísmo, para ambos o más bien lo contrario?
– Para algunos peronistas, sin ninguna duda. Para algunos judíos, sin ninguna duda. No puedo generalizar, pero ya recibí algunos comentarios en el sentido de que “no es el momento oportuno para publicar este libro”.
– ¿Por qué?
– Porque estamos en medio de una campaña electoral, y unos y otros pueden utilizarlo para sus fines. Yo estoy haciendo mi tarea de historiador. Y tengo suficiente experiencia para saber que una vez que publicás un estudio, ya no es solamente tuyo. Y cada uno lo puede interpretar y usar según sus criterios ideológicos. Lo importante es que la gente interesada lo lea y discuta

Fuentes: Centro Ana Frank ( política inmigratoria) y Raanan Rein ( Perón no era nazi, catapultó a los judíos a la vida pública)

Edición: Vis a Vis

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