Los iraníes están bailando en las redes sociales, y no de felicidad. Lo hacen para protestar por el encarcelamiento de una joven identificada como Maedeh Hojabri, de 18 años, a quien castigan por subir a Instagram videos grabados en su habitación, en los que baila como en un clip musical.

Como reacción, se han compartido decenas de videos en los que hombres y mujeres, en varios casos sin velo, bailan en apoyo a esta joven.

“¿Sabía su prometido que usted subía los videos a Instagram? ¿Cuál es su objetivo subiendo estos vídeos?”, le preguntó un periodista que oculta su rostro.

Hojabri, a quien se la escucha llorar en algunos pasajes, responde que sabe que bailar está prohibido, pero que no ha subido a la red nada malo. También dice que es una iniciativa particular y que no ha recibido entrenamiento diferente al de gimnasia.

“Lo hago porque sé que a algunas personas le gusta cómo bailo pero no quería promover nada ni impulsar a otros a que hicieran lo mismo”, dice la joven con el rostro desenfocado y en la sombra.

La imagen contrasta con los videos que inmediatamente después se subieron en las redes y en los que se la ve bailando divertida con sus labios pintados de rojo. La campaña iba acompañada de hashtags como #dance-to-freedom (bailando hacia la libertad) con la que muchos subían vídeos de sus bailes.

Hojabri es parte de un grupo de populares instagramers que han sido detenidos en Irán en las últimas semanas. Durante el mismo programa donde la joven hizo su confesión, también se emitieron entrevistas a otros jóvenes, pero sólo ella fue identificada. No está claro si los jóvenes han sido puestos en libertad bajo fianza o siguen en prisión. Tampoco se sabe de qué parte de Irán son.

Las entrevistas de los jóvenes coinciden con las declaraciones del director de la policía cibernética de Teherán, el coronel Touraj Kazemi, quien aseguró que estaba “firmemente” comprometido con lidiar con los dueños de cuentas de Instagram con gran número de seguidores. Hojabri tiene alrededor de 600.000.

Días atrás, el ministro de Telecomunicaciones, Mohamed Javad Azari-Jahromi, había negado las declaraciones del poder judicial que aseguraban que Instagram, tal como sucedió con Telegram, sería bloqueado por el mal uso que hacen algunas celebridades de esta aplicación. Instagram lleva años siendo la red social favorita de muchos iraníes. No sólo de los jóvenes o empresarios, también de políticos y opositores y de aquellos que difunden protestas.

La práctica de transmitir entrevistas con prisioneros es común en Irán. Muchos de ellos han contado cómo han memorizado la confesión escrita por sus interrogadores, quienes no les han dejado otra opción que aparecer frente a las cámaras.

Pero la confesión de Hojabri ha desencadenado muchas críticas no sólo por la naturaleza del “crimen”, sino porque muchos se preguntan por qué las autoridades no actúan con la misma dureza con aquellos relacionados con escándalos de corrupción de los que tanto se habla en el país.

 

“¿Qué es un gran pecado: bailar o saquear los intereses nacionales?”, se preguntaba en las redes un clérigo identificado como Hojatoleslam Fazel Meybodi. La confesión de Maedeh Hojabri coincidió con el anuncio de que Sharapack Shajarizadeh, una de las jóvenes conocidas como las mujeres de Enqelab, fue condenada por aparecer en una calle de Teherán con la cabeza descubierta e izando su velo en señal de protesta.

La joven tendrá que pasar dos años en prisión y 18 de prisión suspendida. “Eso significa que serán 18 años en los que tendré que permanecer callada”, dijo Sharapack. Su abogada, la reconocida activista Nasrine Soutodeh, también se encuentra detenida.

“Ustedes me arrestaron por ser feliz cuando tenía 23. Ahora ustedes arrestan a Maedeh Hojabri y sólo tiene 18. ¿Qué van a hacer con la próxima generación?”, se preguntaba en Twitter Reihane Taravati, una reconocida fotógrafa que hizo parte de la parodia del vídeo Happy de Pharrel Williams y cuyos participantes también fueron detenidos.

 

Vía La Vanguardia / Times of Israel

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