Un grupo de estudiantes de Israel y Palestina visitaron el Parque Estatal Border Field de San Diego, California, como parte de un programa de verano de tres semanas que busca crear terreno común y relaciones pacíficas entre estos jóvenes.

Este viaje también marcó la primera ocasión en que varios estudiantes, algunos quienes han sido afectados por este conflicto armado, conocieron a alguien de la otra nación involucrada en esta disputa.

Sarah Heirandt, directora local de Hands of Peace, dijo que “el grupo de estudiantes es único y muy interesado en asuntos internacionales y en el otro constitutivo – ya sea israelí, palestino o inclusive estadounidense”.

Como parte de este paseo, el grupo tuvo la oportunidad de ver el muro fronterizo que divide a Playas de Tijuana del punto sur de Imperial Beach.

“Muchos israelíes y palestinos solo han visto su versión de la frontera, así que venir a los EE.UU. por primera vez y ver el muro fronterizo con México les abre los ojos y les cambia su perspectiva”, afirmó Heirandt.

Omar, estudiante cuyo abuelo nació en la ciudad de Yafo (hoy parte del sur de Tel Aviv) previo a la creación del Estado de Israel, nació en los territorios palestinos. Cuenta que ver el muro fronterizo le hace sentir una emoción algo conocida y un poco triste.

“Es difícil ver la frontera dividir a México de EE.UU. por que quiero pasar cruzar hacia México y ver cómo vive la gente y escuchar sus historia personales y tengo el mismo sentimiento cuando veo la frontera entre Israel y Palestina”, dijo a La Prensa.

Después de su avistamiento inicial de la frontera, el grupo se tomó 30 minutos para bajar a la playa, tomar fotos, convivir y descansar. Luego siguió un serie de actividades para iniciar la interacción social entre el grupo, interacciones con estudiantes de CETyS Universidad en Tijuana y su sesión de discusión diaria con directores culturales.

Como parte de sus discusiones, los estudiantes dan su opinión de una forma respetuosa siguiendo reglas preestablecidas y haciendo y creando espacios para que todos puedan tener una voz. Heirandt dice que las discusiones ofrecen un espacio para estos jóvenes, quienes no tienen muchos lugares para hablar de temas como conflicto, diferencias culturales y roles de género, entre otros, y como estos les afectan de manera personal y colectiva.

“Estos adolescentes son muy maduros para su edad y trabajan muy bien entre ellos. Han aprendido habilidades como la comunicación, escuchar de manera activa y reflectiva y también lo que quieren llevar de regreso de este programa como líderes y creadores de paz en sus comunidades”, dijo Heirandt.

Como parte de este programa, los participantes se quedan con una familia que los recibe, dándoles un vistazo a la vida en San Diego. También participan en actividades como pintar un mural en Oceanside y dar de comer a personas en estado de indigencia.

 

Vía La Prensa San Diego / Enlace Judío

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