Ultraortodoxos planean colapsar Jerusalem en protesta contra el servicio militar obligatorio

Los ultraortodoxos judíos están convocados a una gran manifestación en Jerusalem que tratará de colapsar la ciudad santa para protestar por el nuevo proyecto de ley que obliga a los jóvenes de esta comunidad a prestar servicio en el Ejército de Defensa de Israel (Tzahal) como el resto de ciudadanos.

Instigados por los rabinos, miles de miembros de esta comunidad ultrarreligiosa judía (haredim) procedentes de todos los puntos del país se concentrarán a partir de mediodía a las puertas de la urbe para mostrar su creciente fuerza y expansión, en particular en la ciudad santa.

Bautizada como «la marcha del millón de hombres», la municipalidad tiene previsto cerrar las principales arterias en torno al llamado «puente de los acordes», una estructura diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava que se yergue en la carretera que une Jerusalén y Tel Aviv.

Las Fuerzas de Seguridad han diseñado, por su parte, un dispositivo de seguridad especial ante el temor de que se desate la violencia, mientras que el servicio de emergencia Maguen David Adom (Estrella Roja de David) ha redoblado sus efectivos.

La protesta está respaldada por los tres principales rabinatos del país -el Sefardí, el Lituano y el Hasídico-, que firmaron una carta conjunta en el que acusaban al gobierno de Biniamín Netanyahu de «malicioso y blasfemo».

«Estamos indignados por esta enorme blasfemia, por la maligna decisión del primer ministro de impedir que los estudiantes de la Torá puedan seguir estudiando en las yeshivas, forzándoles a alistarse y amenazándoles con arrestos y castigos si no lo hacen», afirmaron.

«Estamos seguros de que la fuerza de Israel no será tumbada, y que los estudiantes de las yeshivas y los kollel (academias rabínicas) no serán enrolados, no sucumbiremos a las tentaciones y a los castigos, y no colaboraremos en los planes del Ejército, incluido el reclutamiento», subrayaron.

Al frente de la manifestación estarán varios diputados del partido religioso «Habayit Hayehudi» (Hogar judío) así como algunos de los rabinos más importantes, que han dejado de lado sus bizantinas disputas para marchar juntos este domingo.

Incluso las asociaciones de estudiantes haredies más relevantes, como Kiryat Ono, han permitido anular las clases vespertinas para que los estudiantes puedan participar en la movilización, a la que los organizadores esperan que acudan en torno a 600 mil personas de todo el país.

El proyecto de ley, que obliga a los heredim a enrolarse pero que no entrará en vigor hasta 2017 y ofrece numerosos resquicios legales para que el reclutamiento pueda ser evadido, ha recibido críticas de numerosos sectores de la sociedad, incluidas las propias Fuerzas Armadas.

El jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de Defensa de Israel, Benny Gantz, lo calificó de discriminatorio y advirtió que supondrá una peligrosa reducción futura del número de efectivos, al disminuir también de tres a dos los años del servicio obligatorio masculino.

El oficial insistió de que todo israelí debe servir en el Ejército durante el tiempo estipulado, tres años para los hombres y dos para las mujeres.

Aunque la ley ha pasado ya varios filtros, está previsto que aún haya nuevas consultas con las Fuerzas Armadas antes de su aprobación definitiva.

Desde que iniciara su desarrollo hace meses, la propuesta ha despertado la ira de todas las comunidades ultraortodoxas, que se ha manifestado varias veces durante los últimos meses, en ocasiones de forma extremadamente violenta.

Algunos de los más radicales, como la organización «Belz», uno de los grupos hasídicos más numerosos del país, han instado incluso a sus seguidores a emigrar a Estados Unidos si la ley es finalmente aprobada.

«No es solo el proyecto de ley. Es toda la atmósfera que se vive en Israel desde el pasado año. Estamos siendo atacados desde todos los rincones», explicaba uno de sus miembros, citado por el diario «Haaretz».

Alertado por la posibilidad de la violencia y preocupado por la fragmentación de la sociedad, donde cada vez es mayor la brecha entre laicos y religiosos, el analista Dan Margalit advertía que la manifestación es «como un examen de conducir».

«La protesta es un test para la sociedad. Su capacidad para respetar al otro, su compromiso para incluir al otro y respetar la ley, algo que parece misión contradictorio nada fácil. Algo así como la cuadratura del círculo», escribía en el diario «Israel Hayom». (EFE)

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