Testigos de Jehová: Renuncia o muerte. Por Prof. Nora Avruj

«Ser nazi (jugar a la barbarie enérgica…..) es a la larga una imposibilidad mental y moral. 
El nazismo adolece de irrealidad. Es inhabitable, los hombres sólo pueden morir por él , mentir por él, matar y ensangrentar por él. 
Nadie en la soledad central de su yo, puede anhelar que triunfe».
Arriesgo esta conjetura: – «Hitler quiere ser derrotado».
J. L. BORGES
Otra de las minorías perseguidas y asesinadas por los nazis fueron los Testigos de Jehová.

La libertad para ellos se basaba en la orden de renunciar a sus creencias. Todos igualmente sabían que no se podía creer en las promesas del monstruo, ya que un abandono de la creencia religiosa no alteraba el hecho de que fuesen seres contaminantes para la tan pura «raza aria».

Entre los años 1933 y 1945 fueron encarcelados más de 10.000 testigos de Jehová, una gran cantidad de ellos fueron ejecutados por negarse a cumplir con el servicio militar y otros perecieron en los campos de concentración y exterminio dónde fueron deportados por negarse a empuñar un arma y a jurar lealtad al régimen, al Estado y por consecuencia directa a Hitler. Permanecieron fieles a las enseñanzas y principios religiosos que impartía su creencia.

Las persecuciones en su contra comenzaron antes de la llegada de Hitler al poder, las SA (tropas de asalto) solían interrumpir en forma violenta las reuniones de estudio sobre la Biblia de los Testigos, agrediendo físicamente a los participantes de las mismas.

Con Hitler en la cancillería el ataque fue furioso y se prohibió su existencia .

La Gestapo allanó y confiscó sus oficinas y lugares de reunión, destrozando sus publicaciones a las que consideraban ilegales y peligrosas para el pueblo alemán, la más importante de ellas se denominaba «Atalaya».

Como en todos los casos, desobedecer o desafiar al nacionalsocialismo implicaba arrestos, encarcelamientos, pérdidas de trabajo y servicios sociales.

Los niños no quedaron ajenos al sufrimiento que implicaba la persecución irracional, éstos eran ridiculizados y expulsados de las escuelas por negarse a saludar con el obligatorio: »Sieg Heil!!!»

El campo de concentración que mayor cantidad de testigos recibió en 1935 fue el de Sachsenhausen, en Alemania. Ya en 1939 había alrededor de 6000 testigos deportados en los distintos campos, de todos modos los nazis no se conformaron con perseguir y exterminar a los que se encontraban en Alemania y Austria sino a todos los que se hallaban en el resto de la Europa ocupada.

Pese al sufrimiento vivido no claudicaron, marcados con un triángulo púrpura ellos continuaron su proselitismo, siempre bajo la amenaza y riesgo de ser ejecutados si eran descubiertos.

Los trabajos forzados y esclavos, las brutales torturas y las palizas con látigos de acero no amedrentaron a estos hombres y mujeres y, como dijimos en un principio, jamás aceptaron firmar una declaración renunciando a sus creencias bajo la promesa nazi de que si así lo hicieren obtendrían la ansiada libertad.

Es imposible no acordar con las palabras de Borges: – «Ser nazi es una imposibilidad mental y moral!!!!!»

La hombres de hoy tenemos la obligación »moral» de transmitir y »mental» de no olvidar.

Prof. Nora Avruj
Profesora en Ciencias Judaicas especializada en Historia.
Egresada de la Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto en Yad Vashem (Formador de Formadores en el estudio de la Shoá).
Técnica en Programación Neurolinguística
Docente del staff del Departamento de Cultura de AMIA.
Coordinadora de adultos mayores perteneciente a la Red de Tercera Edad de AMIA.
Docente del área de talleres Memoria, Literatura e Historia  perteneciente a la Subsecretaría de Tercera Edad del Gobierno de la Ciudad.

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here