No existe ningún »espiral de violencia». Por Gerald M. Steinberg

Tres adolescentes israelíes, Naftali Fraenkel, Gilad Shaar y Eyal Yifrach, fueron secuestrados y asesinados a sangre fría, cuando volvían a casa desde la escuela, sólo porque eran judíos israelíes. Sus asesinos árabes palestinos, como son identificados por Israel, no conocían a sus víctimas y no les importaba. El objetivo era atacar a algunos odiados israelíes, y tal vez cambiarlos, a ellos o a sus cuerpos, por asesinos encarcelados. Cualquier judío al azar servía.

Así lo ha sido durante alrededor de 100 años en esta larga guerra contra la soberanía nacional judía y la igualdad entre las naciones. Mucho antes de que la guerra de 1967 y la “ocupación” proveyera una excusa para el odio y el asesinato, tales actos de violencia inhumana eran comunes. En 1929, cuando fue masacrada la comunidad judía de Hebrón (una limpieza étnica en términos modernos), no hubo una espiral de violencia – fue un acto enteramente unilateral.

En noviembre de 1947, cuando todos los líderes árabes rechazaron el moderado plan de partición de la ONU y lanzaron una ola de terrorismo masivo contra la comunidad judía, no hubo ninguna espiral. Y la guerra de 1967, que condujo a la posterior “ocupación”, fue provocada por el renovado esfuerzo de Nasser para destruir el estado judío, y no parte de una espiral de acción y reacción.

Del mismo modo, hoy, no hay una “espiral de venganza”, como muchos periodistas, diplomáticos y autoproclamados activistas de derechos humanos afirman frecuentemente. Una espiral significa simetría, automático ojo por ojo, acción y reacción sin sentido, en la que todas las partes, y ninguna, pueden ser consideradas moralmente responsables.

Pero el ataque y la defensa, el terrorismo y el contraterrorismo, la incitación y el miedo no son simétricos o moralmente equivalentes. Cuando los diplomáticos y académicos repiten la analogía “espiral”, y dócilmente emiten llamados “a ambas partes a actuar con moderación”, como lo hicieron la Unión Europea, la ONU e incluso EE.UU. después del secuestro, están respaldando una ficción peligrosa. Cuando los periodistas inventan un equilibrio artificial y una equivalencia inmoral entre agresor y víctima, o una ONG con fondos de los contribuyentes europeos y de EE.UU., equipara a la madre de un terrorista palestino con las madres de Gilad, Naftali y Eyal, esto es fundamentalmente inmoral.

Durante años, los palestinos y sus partidarios pudieron vender la ficción de que los terroristas asesinos en las cárceles israelíes son presos políticos, culpables sólo de participar en el “espiral de violencia”, incluyendo la oposición a la “ocupación”, no obstante los violentos medios. Los fondos europeos para derechos humanos también han canalizado dinero del gobierno a los grupos de presión (organizaciones no gubernamentales) para promover esta ficción y las campañas públicas en su nombre.

Un pequeño pero muy vociferante grupo de israelíes han adoptado el falso slogan “espiral de violencia”, reforzando las creencias de los extranjeros, y son buscados para validar estos mitos. En este mundo imaginario, la simetría ofrece falsas esperanzas; el profundo conflicto y la guerra contra la autodeterminación judía, independientemente de las fronteras, es sustituida por una simple imagen especular – “ellos” no están llenos de odio, incitación y violencia.

En cambio, al igual que nosotros, los palestinos son retratados como involuntariamente atrapados en un círculo vicioso ojo por ojo. La incitación que llena los libros y medios de comunicación palestinos es falsamente presentada como similar en Israel. Y así, todo lo que se necesita es romper esta injusta espiral, y reconocer la narrativa y los temores de “el otro”. Esta imaginaria simetría es la base para la paz, o así se han convencido a sí mismos.

La triste realidad, como hemos aprendido trágicamente una vez más, es que las diferencias entre los palestinos y la sociedad israelí, así como las contrastantes metas básicas y aspiraciones, son fundamentales. Los intentos de borrar estas diferencias repitiendo mantras simplistas basados ​​en inventadas “espirales de venganza” son trágicamente engañosas, y peor. Son brutalmente inmorales.

*Gerald Steinberg es profesor de ciencias políticas en la Universidad Bar Ilan y presidente de la ONG Monitor

Fuente: TimesOfIsrael / Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

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