La Diáspora frente a Israel, políticas de Estado y políticas de gobierno. Por Manuel Tenembaum

El Presidente de los Estados Unidos, gobernantes de la Unión Europea y de otros países, la academia y los medios, en suma la opinión pública internacional, no tienen en gran aprecio, para decirle eufemísticamente, al Primer Ministro de Israel Biniamín Netaniahu. La reciente crisis de Gaza con Hamas agudizó aún más este sentimiento y envolvió al propio Estado de Israel, derramando una ola de hostilidad -antisemitismo- contra los judíos en todo el mundo.

La Guerra de los 50 Días sembró ansiedad y una inhabitual confusión en el seno de las comunidades judías. La agresividad antiisraelí y su reflejo sobre la Diáspora habían cruzado los límites acostumbrados de rechazo a Israel, irrenunciablemente obligado a defender a su población civil de los misiles y bombas gazatíes. Esta vez líderes y portavoces comunitarios se vieron interpelados por las voces surgidas de protestas, manifestaciones y condenas de la acción israelí. Personalidades prestigiosas pidieron autocritica. Quedó planteado así un tema delicado: ¿la solidaridad y el apoyo que la gran mayoría de los judíos manifiestan hacia Israel han de ser incondicionales en todas las circunstancias?

Desde la fundación del Estado en 1948, el liderazgo diaspórico ha tendido a alinearse con la política exterior de los gobiernos israelíes, evitando contradecirla abiertamente. Se discute vivamente como en Israel, aunque adentro. Las comunidades como tales no se expresan en contra de gobiernos que han sido democráticamente elegidos por la ciudadanía israelí.

Sin embargo, a lo largo de los 66 años de vida del Estado judío, incluso respetando la regla de que solo a éste compete su política y a la Diáspora el deber de acompañar sin obstacularizarla, grandes líderes como Nahum Goldmann no dejaron de ejercer el pensamiento crítico en relación a posiciones israelíes, lo que le valió desencuentros a nivel de sus propios constituyentes.

En los años de Nasser, dirigentes como Golda Meir consideraban que el presidente egipcio era un enemigo irreconciliable y creían que solo Libano, entonces de mayoría árabe-cristiana, estaría dispuesto a llegar a un acuerdo con Israel. Al parecer Nasser admitió reunirse con Goldmann, quién enfocaba en Egipto al eventual primer interlocutor para tratativas de pacificación por tratarse del principal y más poderoso vecino de Israel. Consultaba la señora Meir, se opuso a la aproximación y Goldmann respetó ese criterio. La historia posterior dio la razón al presidente del Congreso Judío Mundial.

Nahum Goldmann fue un inconformista impenitente. Su pensamiento era propio de un estadista, no del político. Sostenía que la situación de los judíos en la Unión Soviética y su derecho a emigrar dependían de la distensión con Occidente y no de la intensificación de la Guerra Fría. También tuvo razón. Advirtió además que en la “larga duración” Israel no tiene más alternativa que negociar con sus enemigos para alcanzar un “modus vivendi” tolerable. Pero no entibió el apoyo al Estado judío, todo lo contrario.

En rigor se trata del antiguo dilema entre políticas de Estado y políticas de gobierno. Las primeras refieren a la existencia misma de Israel, a la defensa de su población e incluso al apoyo a comunidades judías agredidas por el antisemitismo. La historia prueba en estos casos la solidaridad de la Diáspora es espontánea, intensa y abarca a sectores de ordinario poco interesados en los problemas involucrados. El apoyo se vuelve en cambio eventual respecto de las políticas de gestión de los sucesivos gobiernos israelíes, de Ben Gurión y a Netanayhu.

Israel es el eje moral de la experiencia judía contemporánea. No hay judío asumido que no sienta en el fondo del alma sus tensiones existenciales. Frente a la amenaza de la implacable hostilidad exterior, la política interna desaparece y al mismo tiempo queda entre paréntesis la incomprensión de terceros amigables, neutrales o prejuiciados.

Hace poco Ronald Lauder, actual presidente del Congreso Judío Mundial, hizo en la televisión abierta de Israel un elocuente llamado a la unidad del pueblo judío. Es la respuesta para el tiempo presente.

Autor; Manuel Tenembaum

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