En el peronismo quieren derogar el memorándum con Irán, pero no se animan

Un grupo de dirigentes del oficialismo hizo llegar la propuesta a la Casa Rosada con el objetivo de mejorar la relación del Gobierno con la comunidad judía y la oposición. El planteo fue desestimado por la Presidente.

En Punta del Este, un hombre del peronismo recibe un correo electrónico con un adjunto. Se lo manda un amigo, el diputado Carlos Moreno. Atachada, viene una foto donde «Cuto» muestra un cartel que dice «Yo soy Nisman». Fue la manera que tuvo este halcón kirchnerista en la Cámara de Diputados de expresar que está cansando de sus jefes, tal vez de su Jefa.

El diputado Isaac Benjamín Bromberg, hombre del gobernador tucumano José Alperovich, se mostró en el acto de recordación del Holocausto que se realizó en la AMIA. No era una reunión opositora, pero los que estaban ahí habían evitado concurrir al acto realizado por Cancillería, marcando distancia con el Gobierno. Parece que es una reacción vinculada al enojo de la comunidad judía de Tucumán con el gobernador, al punto que el rabino Salomón Nussbaum no pudo garantizarle quedar libre de abucheos si ingresaba con su esposa al templo.

El gobernador Daniel Scioli, principal candidato a presidente del FPV, se comunicó después de meses con Eduardo Duhalde. Fue al salir de la reunión del Consejo Nacional del PJ, donde, cree, buscaron tronchar su imagen. Parece que lo consiguieron, porque además de una caída de la imagen de la Presidente, los estudios verifican algo similar para él mismo, además de una recuperación de Sergio Massa. Todavía más: después de la muerte del malogrado fiscal, Macri está liderando -por primera vez- la intención de voto a escala nacional.

Los peronistas, expertos en fines de ciclo, no necesitaron conocer los números para percibir que se imponía una nueva puesta en escena con la sociedad, que saque al Gobierno del aislamiento internacional y a la Presidente de la ausencia de diálogo con la comunidad judía y la oposición, salvo con sectores marginales, como puede ser el caso de Leopoldo Moreau, antaño miembro de la conducción de la UCR, o Sergio Burnstein, al que nadie le atiende el teléfono en la DAIA.

Fue Aníbal Fernández, recientemente designado Secretario General de la Presidencia, el que acercó al círculo íntimo del Gobierno la propuesta de realizar una cadena nacional para anunciar la derogación del Memorando de Entendimiento con la República Islámica de Irán. Lo hizo en su calidad de representante informal del PJ. Había hablado con varios gobernadores en los últimos días, esos que se escaparon por la puerta del costado para evitar hablar con la prensa una vez leído el fallido documento que vino escrito desde Casa Rosada y no pudo ser corregido ni en una coma.

A varios gobernadores, dos por lo menos, Fernández les había garantizado que la propuesta había llegado y que estaba a consideración de la Presidente. Se trataba de que el Gobierno reconozca que no había servido para enjuiciar a los responsables del atentado a la AMIA, además de que tampoco Irán lo había ratificado y la propia justicia argentina lo había declarado inconstitucional. Como era de cumplimiento imposible, correspondía que el Ejecutivo lo diera por derogado, adelantándose -incluso- a que lo hiciera el gobierno que ganará las próximas elecciones. Era una jugada arriesgada, que sería leída como el reconocimiento de un error, pero también facilitaría volver al sendero abruptamente abandonado.

Parece mentira, pero muchos peronistas, hombres grandes, estaban convencidos de que podrían convencer a Cristina de apartarse de su propia tradición, es decir, entrar a la historia realizando una autocrítica, volviendo sobre sus pasos, reparando los vínculos con la comunidad judía y, desde ahí, con el mundo.

Se equivocaron. Ni Cristina, ni su círculo íntimo, quisieron ser parte de una estrategia de esas características. Trascendió que ni siquiera aceptó evaluar esa posibilidad, que el Secretario General llegó a discutir, incluso, con un importante dirigente comunitario.

Así las cosas, y ante una cadena de correos electrónicos que proponen realizar una campaña contra los diputados y senadores que ratificaron el Memorando en el Congreso de la Nación con una ley votada el 27 de febrero de 2013, un grupo de legisladores se reunió con la idea de presentar un proyecto de derogación. Tampoco se animaron. Sería el primer gesto de rebeldía en un Congreso de la Nación y los valientes diputados del FPV no quieren colocarse en la vanguardia.

«Tienen el culo sucio, los domina el miedo al carpetazo», dijo un ex diputado que integró la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Actividades de Inteligencia. Y sentenció: «No hay que esperar nada de ellos».

Por: Silvia Mercado – Infobae

DEJAR UN COMENTARIO

Please enter your comment!
Please enter your name here