Una escritora alemana especialista en filología sacó un diccionario sobre mitos y símbolos del nazismo

Me parece oportuno comenzar esta reseña del libro de la licenciada en filología alemana y germanista Rosa Sala, con las palabras del prólogo a cargo de Rafael Argullol: “…el texto de Rosa Sala es una enérgica tarea de disección en el cuerpo histórico, filosófico y aun psicológico del nazismo… Los mitos y los símbolos son la sangre que alimenta todo cuerpo social. También en el caso del nazismo”.

Y es que el nazismo no surgió de la nada. Como producto meramente político, encontró terreno abonado en la insatisfacción y la frustración que generó en una amplia capa de la población alemana la pérdida de la Primera Guerra Mundial y las consecuencias del Tratado de Versalles. Esto, junto con el establecimiento de un régimen republicano poco acorde con la mentalidad alemana de entonces y la posterior crisis del 29, precipitó la subida al poder del partido nazi liderado por un Hitler al que se veía como el único capaz de sacar al país de su marasmo económico y social y devolver a Alemania el orgullo humillado en la anterior contienda. Adolf Hitler fue elegido canciller en 1933 y, como se suele decir, el resto es historia.

Pero este libro va más allá. Un fenómeno como el nacionalsocialismo tiene también un corpus ideológico y simbólico que lo sustenta. El racismo, uno de sus pilares fundamentales, se basa en lo que la autora denomina “la gran cadena del ser”. Expone que, ante la necesidad, ya antigua, de explicar el tremendo salto existente entre el hombre y los animales, se recurrió a dos estrategias: por un lado, la integración de aquel en la cadena eliminando las características que lo diferenciaban de estos; por otro, se acometió la búsqueda de aquellos eslabones de la cadena que lo separaban de la animalidad. Según la autora, esto promovió una pasión por la taxonomía que a la larga favoreció la idea de que todos aquellos que eran diferentes (negros, hotentotes, aborígenes, etc) sólo existían para ocupar ese espacio intermedio que culminaba en el hombre blanco. Y si, según Hitler, el hombre blanco o ario es la única raza fundadora de cultura, sólo ella puede merecer el apelativo de humana. Sería, sin embargo, el biólogo Ernst Haeckel el que extrajo las consecuencias últimas de las diferencias raciales en la especie humana: puesto que las “razas inferiores” están psicológicamente más próximas a los animales que el hombre blanco civilizado, habría por tanto que conceder un valor distinto a sus vidas, necesariamente inferior. Asimismo, la utilización perversa de los conceptos darwinistas de la supremacía del más apto y la lucha por la vida, abocaron a las ideas nazis del exterminio y la esclavitud de las “razas inferiores” como judíos y eslavos y la necesidad de un espacio vital (lebensraum) para el sustento y propagación de la raza aria, la única merecedora de la supervivencia.

La autora también ahonda en la idea de religión política aplicada al nacionalsocialismo. Los grandes desfiles a la luz de las antorchas, los símbolos como el águila o la esvástica, la identificación del Führer como figura mesiánica y los mítines masivos, no serían más que los trasuntos nazis de las manifestaciones religiosas clásicas, añadiendo incluso una concepción dualista (opuesta en principio al monismo materialista de Haeckel propio de las ideologías fascistas, quien superaba la tradicional concepción dualista judeocristiana entre espíritu y materia, preconizando la existencia de una única entidad que era a la vez Dios y la Naturaleza): la distinción entre lo ario (bueno) y lo no ario (malo). Dentro de este último y poco definido concepto cabría todo aquello que no estaba en concordancia con los ideales nazis de pureza y limpieza de sangre, incluyendo, por supuesto, el judaísmo, su cabeza de turco por excelencia.

Hay también lugar para la base filosófica y literaria del nazismo, que Rosa Sala fundamenta en autores como Nietzsche, Wagner, Schiller, Schopenhauer o Goethe, entre otros, en muchos casos construida de la forma pervertida y tomada por los pelos típica de la ideología nazi, escogiendo lo que le convenía de este o aquel autor y adaptándolo a sus fines teóricos y/o propagandísticos.

Con estas y otras ideas, la autora construye un auténtico diccionario de la cosmovisión nazi. En riguroso orden alfabético va diseccionando los conceptos para ella más importantes de dicha cosmovisión. Así, tenemos entradas con una extensión de varias páginas y que, por tanto, tienen un mayor valor explicativo y conceptual, como águila, ario, degenerado, Dios, crepúsculo de los dioses, esvástica, Germania, Grecia, judío, Nietzsche, runas, sangre, etc, junto a otras más breves y de carácter más bien informativo que definen términos como armanes (y artamanes), asfalto, edelweiss, Guillermo Tell, Grial, lobo, nudismo, puñalada por la espalda, Rienzi, saludo nazi… Cada término va acompañado de su traducción al alemán y seguido, al final, de referencias bibliográficas. Es de destacar que, al igual que en un diccionario corriente, cada concepto puede leerse de forma independiente como un breve artículo sin necesidad de haber leído lo previo. Así, este libro puede atraer  tanto a quienes buscan aclarar ideas concretas como a aquéllos más interesados en tener un conocimiento general referente al nacionalsocialismo, y ello demostrando un amplio conocimiento de las materias tratadas y de forma amena y accesible. Por último, al final del libro se incluye un apéndice con breves apuntes biográficos de los nombres más relevantes que aparecen en el texto y que están, de un modo u otro, relacionados con la ideología nazi y su difusión.

Por último, me gustaría terminar con unas palabras también tomadas del prólogo y que creo definen muy bien el propósito de esta obra: “Para no reincidir en la caída no basta con condenar. Lo valiente es comprender“.

Fuente: HisLibris.com

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