Un mensaje universal que trasciende al Catolicismo

Para el mundo, tal vez sea el líder de los católicos, pero para sus fans, el papa Francisco se parece más a Martin Luther King que a Benedicto XVI. Cuando habla, son millones los que escuchan, ya sean bautistas, hindúes o ateos.

«Creo que es más un líder mundial que un líder religioso», dijo Sasha Datta, una practicante del hinduismo que dijo que haría lo posible por ver a Francisco durante su paso por Washington. «Por su apertura, por su capacidad para no rehuir los problemas reales, siento mucha esperanza cuando veo a alguien como el papa Francisco.»

Dos años después de asumir, Francisco, el papa del contacto con la gente y de la tolerancia, se convirtió en un punto de referencia tanto para el mundo espiritual como para el secular: una celebridad global para quienes admiran su calidez y un timonel de mano firme para quienes comparten su preocupación por el cambio climático, la justicia social y la pobreza.

No todos los católicos practicantes están de acuerdo con él en muchos temas: algunos conservadores sienten que el Papa ha diluido las verdades de la fe, y a algunos reformistas les molesta que no haya modificado nada de la doctrina católica.

Pero para los no católicos, que desconocen el dogma, Francisco ya pasó a ocupar un rol más amplio, llenando el vacío de liderazgo mundial en problemas globales que afectan al planeta y a los pobres.

Al igual que Juan Pablo II, Francisco mereció los elogios de católicos y no católicos en todos los lugares que visitó.

El alcance de su convocatoria se debe en parte al rol como campeón de algunas causas que están más allá del alcance de la doctrina de la Iglesia. Una encuesta del NYT/CBS News realizada a principios de este mes reveló que el 45% de los entrevistados ven a Francisco más como un líder y vocero humanitario de todos los hombres, más allá de su religión, que como el mero líder de la Iglesia de Roma.

Una encuesta de febrero del Pew Research Center reveló que su índice de aprobación entre los protestantes blancos es del 74%, y del 68% en gente sin filiación religiosa.

La hinduista Sasha Datta, que se dedica a las finanzas y tiene alrededor de 45 años, dice que su admiración por Francisco surge de compartir sus valores sobre el trabajo por los pobres y los marginados.

«Me encanta que este papa esté dando impulso a esta agenda de temas, porque eso es lo que se supone que hace la gente de Dios: ocuparse de las personas», dijo Datta.

Cynthia Olmstead, una humanista laica de 49 años de Massachusetts, dice que admira su mensaje de inclusión, tolerancia, justicia social y cuidado del medio ambiente. Olmstead cuenta que vivía en la Argentina cuando el cardenal Bergoglio era noticia por su costumbre de moverse en transporte público y de mezclarse con los pobres. Ahora Olmstead dice tener la esperanza de poder llevar a sus hijos a Nueva York para que vean al Papa.

«Ya sé que parece raro, pero siento que puede ser una experiencia transformadora para ellos», dice. «Es casi como ir a escuchar a un líder de los derechos civiles que tiene un mensaje universal, y aunque uno no necesariamente pertenezca a ese grupo étnico o religioso, uno se conmueve con su mensaje.»

En Nueva York, la mayoría de las oportunidades de ver al Papa estarán restringidas a quienes tienen vínculos con la Iglesia. Pero para presenciar su marcha a través del Central Park, cualquiera podía anotarse en el sorteo organizado por el alcalde Bill de Blasio, otro no católico cautivado por Francisco: De Blasio reconoció que la figura de Francisco lo obligó a reevaluar su tirante relación con el catolicismo.

En la multitud que asistirá al Central Park habrá al menos una kipá, la del rabino Brian Fink, director de un programa de voluntariado en el Jewish Community Center de Manhattan. «En sus diferentes escritos y enseñanzas hay un montón de cosas que coinciden con los valores y enseñanzas de los judíos», dice Fink, y señala que parte de la encíclica papal sobre cambio climático fue traducida al hebreo y utilizada como parte de los rezos del servicio de Rosh Hashaná.

Ilyse Shapiro, de 49 años, dice que su marido se quedó comprensiblemente perplejo cuando le anunció que pensaba trabajar como voluntaria en el Encuentro Mundial de Familias que presidirá Francisco en Filadelfia. No era para menos: hace apenas unos años Shappiro celebró, ya de adulta, su bat-mitzvah.

«Claramente, soy judía», dice con una carcajada. «Pero, como le dije a mi marido, esto trasciende al catolicismo, trasciende la religión. El Papa es la voz de los pobres y de los desamparados. Y eso va más allá de la religión.

Fuente: La Nación

Autor: Vivian Yee

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