Patinazo y verdad. Por Pilar Rahola

Lo más hiriente del patinazo verbal de Netanyahu es que lo ha perpetrado un judío. Y no sólo un judío, sino el primer ministro del Estado judío, lo cual añade escándalo a sus palabras. Ciertamente, insinuar que el proyecto de Hitler no era exterminar a los judíos y que ello fue una sugerencia del líder árabe Haj Amin al Huseini es una barbaridad indigerible. Y por mucha tensión que viva Israel en estos momentos trágicos -con palestinos de 14 y 15 años apuñalando a judíos-, nada justifica jugar políticamente con el Holocausto. Es una banalización y una maldad.

Dicho lo cual, es cierto que Netanyahu usa parte de la verdad histórica al nombrar al funesto Al Huseini, estudiante del salafista Rashid Rida, representante máximo de los Hermanos Musulmanes en Palestina, y nombrado gran muftí de Jerusalén por mandato británico.

Gracias a los documentos desclasificados y publicados en el National Archives conocemos las barbaridades que lideró y su estrecha relación con los nazis. Entre otras acciones violentas, fue el responsable de masacres de judíos como la que se perpetró en Hebrón, que destruyó sinagogas y casas, asesinó a sangre fría a 135 judíos en un sabbat y prácticamente acabó con la comunidad judía de Hebrón, que había sobrevivido a siglos tumultuosos. Además hizo editar el Mein Kampf de Hitler y es famosa su alocución en la radio de Berlín, en 1944: “Árabes, asesinad a los judíos allí donde se encuentren”.

Ese capítulo, el de la estrecha relación con los nazis, fue el más sangriento de su biografía: visitó a Hitler en 1941 -que lo protegió siempre-, pagó fortunas inmensas para ayudar a los nazis y visitó a Eichmann para conocer directamente los planes de exterminio. Los documentos hablan de 50.000 marcos mensuales entregados a Hitler, salidos de la waqf y las reservas de huérfanos que controlaba. También organizó las brigadas musulmanas de la 13.ª división de montaña SS Handschar de las Waffen SS y las brigadas árabes de las Arabische Freiheitskorps, dedicadas literalmente a cazar paracaidistas en los Balcanes. Los historiadores hablan de miles de serbios cristianos, judíos bosnios y gitanos que murieron bajo estas brigadas. También intentó sin éxito que el Tercer Reich bombardeara Tel Aviv y fue el responsable de impedir, el mayo de 1943, el viaje de la Cruz Roja a Palestina con 4.000 niños judíos provenientes de Bulgaria y Hungría, y otro de 500 niños judíos de la ciudad croata de Arbe. Acabaron en las cámaras de gas. Cuando terminó la guerra civil, consiguió asilo en Egipto y fue uno de los fundadores de la Liga Árabe. Dio refugio a decenas de nazis y, a pesar de las peticiones de Israel y Yugoslavia, nunca fue concedida su extradición. Murió tranquilamente en Beirut en 1974 y su sobrino, Yasir Arafat, lo honró asegurando que era “nuestro máximo y primer héroe”.

Conocer el pasado sangriento explica mucho del presente trágico…

Pilar Rahola
La Vanguardia. Barcelona.
24/10/2015

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