Shimon Peres: cimentó el poder militar israelí, trabajó sin descanso por la paz

President Barack Obama looks at Israeli President Shimon Peres after awarding him the Presidential Medal of Freedom at a dinner in the East Room of the White House in Washington, Wednesday, June 13, 2012. (AP Photo/Susan Walsh)

Por Marilyn Berger

Shimon Peres era uno de los últimos sobrevivientes de la generación de los padres fundadores de la nación de Israel. Hizo más que nadie para cimentar el formidable poderío militar israelí y luego trabajó incansablemente para instalar una paz duradera entre Israel y sus vecinos árabes.

Según consigna The New York Time, fue dos veces primer ministro de Israel, ministro de Defensa, de Finanzas, de Transporte, canciller y, hasta 2014, también presidente, Peres no abandonó la escena pública de Israel en los últimos 70 años.

Dirigió la formación de la industria para la defensa de su país, negoció tratados armamentísticos cruciales con Francia y Alemania y fue el principal impulsor del desarrollo de armas nucleares en Israel. Pero también fue inclaudicable en su búsqueda de un entendimiento con el mundo árabe, una búsqueda que en los últimos años hizo en soledad, ya que la sociedad israelí perdió interés, sobre todo después de los levantamientos de la «primavera árabe».

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Elegido en 2007 como presidente, Peres mantuvo relaciones conflictivas con el gobierno de halcones del primer ministro Benjamin Netanyahu. Si bien en Israel el cargo de presidente tiene un rol mayormente protocolar, el puesto le sirvió a Peres como plataforma para tener acceso a la opinión públic e intentar ejercer su influencia en la agenda política.

Para alguien que cargó durante décadas con la reputación de ser vanidoso y tramoyero, Peres terminó sus años de servicio público como una figura notablemente querida y respetada, un fundador pionero, un verdadero adelantado.

Peres nunca se quedaba sin palabras, ni en su hebreo con acento polaco, ni en inglés ni en francés, y respecto de la transformación de su carrera, una vez dijo: «Fui la figura más controvertida de mi país durante 60 años y ahora de pronto soy el más querido por todos. Para ser sincero, no sé qué me hacía más feliz, si lo de antes o lo de ahora».

El mayor avance que lograron sus esfuerzos para lograr que Israel fuese aceptado en la regiónl se produjo en 1993, cuando elaboró un plan con la Organización para la Liberación Palestina (OLP) que preveía el autogobierno de Gaza y parte de Cisjordania, por entonces ambas ocupadas por Israel. Tras meses de negociaciones secretas, Peres convenció a su antiguo rival político Yitzhak Rabin, por entonces primer ministro, de aceptar el plan que más tarde se conocería como los Acuerdos de Oslo. Peres era entonces canciller y, en tanto tal, el 13 de septiembre de 1993 firmó los acuerdos en una ceremonia en la Casa Blanca, ante la mirada de Rabin y de su antiguo enemigo Yasser Arafat, jefe de la OLP, que, con un empujoncito del presidente Bill Clinton, accedieron a darse la mano. El gesto fue inédito e histórico. Hasta ese momento, Israel se había negado a negociar directamente con la OLP. Peres rompió ese tabú y ese estancamiento.

«Lo que estamos haciendo hoy es más que firmar un acuerdo: es una revolución», dijo Peres en la ceremonia. Él, Rabin y Arafat recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1994.

Pero ésa era de buenos deseos no iba a durar. Se hizo pedazos en 2000, tras la visita del líder de la oposición, Ariel Sharon, a la plaza sagrada de Jerusalén. Al día siguiente, la policía israelí dispersó con balas a los manifestantes y así se abrió la Segunda Intifada. La violencia no cesó hasta la muerte de Arafat, en 2004, cuando los palestinos tuvieron nuevo líder y se hizo un nuevo intento de coexistencia liderado por Sharon, un ex halcón elegido primer ministro.

Peres era un hombre de mediana estatura y contextura atlética que exudaba vitalidad, a pesar de una cargada agenda que lo mantenía despierto 18 horas al día. Cuando cumplió 88 años y alguien le hizo el tradicional saludo judío: «Que vivas hasta los 120», Peres retrucó como una luz: «No seas amarrete».

Peres era un orador efectivo. Cultivaba su relación con los miembros del partido, recordaba el nombre de todos, asistía a los casamientos y benei mitzvá, y no descuidaba sus vínculos con los intelectuales. También escribía poesía y publicó más de una decena de libros. Su último libro fue una afectuosa biografía política de su mentor, el primer ministro fundador del país, David Ben-Gurion.

Peres nació como Shimon Persky el 16 de agosto de 1923 en la pequeña aldea de Vishniewa, Polonia, en el seno de una familia de comerciantes. Cuando tenía 11 años, sus padres, Isaac y Sara Persky, lo llevaron con ellos a Palestina. Shimon estudió en Tel Aviv y luego ingresó a la Facultad de Ciencias Agrarias. En 1941, Peres colaboró en la fundación del kibutz Alumot, donde trabajó como pastor y fue elegido secretario general. De inmediato empezó a militar en el Mapai, que luego se convertiría en el Partido Laborista, y a los 18 fue elegido coordinador de la rama juvenil de la Confederación General del Trabajo de Israel.

Escaló rápidamente y fue ganando experiencia en los vericuetos de la vida política israelí. En 1944, Ben-Gurion, por entonces jefe de la Agencia Judía para Palestina, envió a Peres con un pequeño grupo de reconocimiento hasta la región de Eilat, a orillas del mar Rojo, para relevar el desierto del Sinaí y realizar mapas que luego serían estratégicamente vitales durante la guerra de independencia de 1948. Durante esa misión de reconocimiento, uno de sus compañeros avistó un nido de águilas, que en hebreo se dice «peres», y le dijo: «Persky, ¿por qué no te cambiás el apellido por Peres?». Shimon aceptó la sugerencia, aunque en realidad el pájaro que habían visto era más un buitre que un águila.

Cuando Israel se independizó, en 1948, Peres fue nombrado al frente del servicio naval. Dos años después, fue enviado a Estados Unidos a cargo de una misión para abastecerse de suministros para la defensa. Tenía 27 años y no hablaba inglés, pero en tres meses logró expresarse con asombrosa fluidez. Cursó en la Nueva Escuela de Investigaciones Sociales, en la Universidad de Nueva York, y más tarde en la Escuela de Administración Pública de Harvard.

En 1951, Ben-Gurion nombró a Peres director general del Ministerio de Defensa, donde aplicó lo aprendido en Harvard para reorganizar el área. Era conocido como uno de los «pichones de Ben-Gurion».

Muy dado a las alusiones históricas, Peres prefería pensarse como filósofo más que como político. Una vez, cuando le preguntaron por los Acuerdos de Oslo, dijo: «Una vez le preguntaron a un filósofo griego cuál era la diferencia entre la guerra y la paz. «En la guerra, los viejos entierran a los jóvenes. En la paz, los jóvenes entierran a los viejos», contestó el filósofo. Y eso quería hacer yo con los acuerdos, lo más maravilloso que uno puede hacer: un mundo mejor para los jóvenes».

Barack Obama – presidente de EE.UU.: «Hay pocas personas con las que compartimos este mundo y que cambian el curso de la historia. Mi amigo Shimon era una de esas personas»

Vladimir Putin – presidente de Rusia: «Y cada vez admiré su valor, su sentido de la patria, su sabiduría y su visión a largo plazo»

Francisco – jefe de la iglesia católica: «Espero que su recuerdo nos inspire a todos a trabajar con una mayor urgencia por la paz y la reconciliación entre las personas»

Mahmoud Abbas – presidente palestino: «Fue un socio en la paz de los valientes que alcanzó con el mártir y difunto presidente Yasser Arafat y el primer ministro Rabin»

Traducción de Jaime Arrambide – La Nación

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