Una ciudad europea volvió a tener un rabino tras 500 años

De niño, Haim Casas solía caminar por las calles de la Juderías de Córdoba agarrado de la mano de su abuelo, hablando del pasado de la ciudad. “En aquel momento mi abuelo plantó una semilla en mí,” me dijo por Skype desde San Roque, un pueblo cerca del estrecho de Gibraltar.

Este junio, Casas fue certificado como rabino, lo cual lo convierte en el primero, originario de Córdoba, en más de quinientos años.

Con sus magnificas mezquitas y arquitectura árabe, Cordoba fue uno de los más importantes centros intelectuales de la vida judía antes de la expulsión de los judíos, en 1942. Ahí nació Maimonides, o Rambam, el talmudista que contribuyó a la ciencia islámica y cuya autoridad, indiscutible hasta hoy en día, fue reconocida en coordenadas tan lejanas como Yemen e Iraq.

Después de la expulsión, y con el fin de escapar la persecución de la Santa Inquisición, los judios de España escndieron sus raices: los cripto-judíós practicaban sus tradiciones en secreto, eventualmetne fundiéndose con el ir y venir de gente a lo largo del Mar Mediterráneo.

Hoy en día los 30,000 judíos que habitan España tienen ascendencia más bien marroquí. Según Casas, los descendientes de los cripto-judios que habitan la región se encuentran en tierra de nadie: no son reconocidos como judíos por las comunidades establecidas y son rechazados por la iglesia, por sus tradiciones híbridas.

Es precisamente esta mezcla lo que, para Casas, forma la riqueza de Sefarad (España en hebreo). Casas se empezó a interesar con la historia de su pueblo y su familia hace ya más de una década, y, después de consultarlo con otros judíos sefaradíes, cayó en cuenta de que su apellido era común en aquella comunidad. Al igual qeu Sefarad, Casa no reeduce su identidad al judaísmo: sus raíces se nutren de influencias gitanas, islámicas y católicas.

Antes de estudiar para ser rabino, para Casas el judaísmo era un fenómeno arqueológico, algo del pasado. Su primer encuentro con un judío de carne y hueso, un marroquí que estudiaba junto con él en la Universidad de Sevilla, fue un shock que le abrió el mundo. Después de sus estudios regresó a la región andaluza y se dedicó a rescatar la memoria de Sefarad. Junto con una pareja española que también era apasionada de la cultura sefaradí, fundó, en el 2005, un centro cultural y museo llamada Casa de Sefarad, en la zona judía de Córdoba.

Gracias a estas actividades, Haim entró en contacto con turistas anglosajones que practicaban un judaísmo de carácter reformista. Casas, que atendía y amaba los servicios tradicionales de la comunidad marroquí (cada verano pasaba un tiempo en Marruecos), se identificaba con la veta pluralista del judaísmo reformista y empezó a organizar servicios de Sabbat y de otras grandes fiestas en su pueblo, mismas que atrajeron a una comunidad pequeña de la zona, que se denominó Beit Rambam.

La gran ironía fue que, cuando Haim decidió volverse rabino, no pudo hacerlo en Cordoba, pues no hay ninguna escuela para el rabinato en aquella ciudad, Fue a una escuela en Londres, de la cual se graduó después de haber hecho prácticas en Lion y en Barcelona.

Haim no es el primer rabino español, ha habido por lo menos dos más (Jorid Gendra, de Barcelona, y Nisán Ben Abraham, de Mallorca) pero lo que sí es un hecho es que es el único que nació en el corazón de Andalucía.

Haim esta consiente y orgulloso de cargar con esa responsabilidad.El firma sus correso con un dibujo de su pueblo y una cita de Ibn Gabirol, el pensador judeoandaluz del siglo once; escribe su nombre como “Rabí Haim Casas de Córdoba”, siguiendo una vieja costumbre de mostrar lugar de origen.

Tristemente, no va a regresar: no hay suficientes judíos para liderar una comunidad progresista en Cordoba. Haim será rabino en una comunidad con treinta años de existencia llamada Keren Or, en Lyon, y asistirá también a una comunidad en Ginebra. Se muda, pero no se va. “La conexión con Sefarad es demasiado profunda” me dice desde su cuarto con vista al Mediterráneo, “no es algo que se pueda dejar atrás así porque sí.”

Fuente: Alan Grabinsky en exclusiva para Enlace Judío de México

 

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